Hereditary. Hermoso envoltorio, deslavazado contenido.



Cuando empecé a escribir en Celuloide Paranoide me dije que solo escribiría críticas positivas, es decir, que me limitaría a opinar sobre películas o series que me hubieran gustado o que al menos fueran valientes e imaginativas en sus planteamientos. Pero luego te topas con la cruda realidad y al final por un motivo u otro te ves forzado a escribir sobre obras que no cumplieron las expectativas creadas o que sencillamente te decepcionaron profundamente.

Y si bien algunos encuentran un retorcido placer en destrozar la reputación de un determinado director (a veces, es cierto, que de forma merecida), yo me siento muy incómodo en esa determinada tesitura, quizá porque soy consciente de la terrible diferencia que existe entre la (relativa) facilidad de escribir una mala crítica  y el enorme esfuerzo de creatividad, tiempo y dinero que supone crear cualquier obra audiovisual. Además, por supuesto, de la diferencia de criterio subjetivo que existen entre diferentes críticos, tema del que ya he hablado muchas veces en este blog, así que no me voy a explayar por ese lado.



Que quede claro que no soy ningún ingenuo, también soy consciente de que mi opinión escrita no va a levantar ni hundir ninguna taquilla, simplemente estoy teorizando sobre la labor del crítico en general y sus responsabilidades a la hora de escribir, con independencia de la influencia que tengan dichos escritos. Responsabilidades morales que se enfrentan al hecho de poder opinar libremente sobre un determinado juicio de valor (a veces negativo), pero con respeto, equidad y cierta mesura. Encontrar el equilibrio sano entre juicio y opinión creo que es la clave de todo aquel que se enfrente al esfuerzo de valorar una obra artística, sea cual sea, y eso intentamos desde este blog, con mayor o menor fortuna, para intentar distinguirnos de la inmensidad de blogs y páginas de críticas cinematográficas que existen en el maremágnum de la Web (muchas de ellas excepcionales).

Y toda esta reflexión escrita en una brumosa mañana de domingo viene al caso por la amarga sensación que me dejó el visionado de Hereditay, vendida como la película de terror del año, acompañada de elogiosas críticas, y que me dispuse a disfrutar con altas expectativas y la mejor de mis intenciones veraniegas. El resultado, como ya se pueden imaginar, no fue del todo satisfactorio; es más, debo reconocer que me aburrí bastante con sus excesivas dos horas y media, y salvo en sus últimos quince minutos no me produjo la menor sensación de angustia.

¿Cuál es, a mi parecer, el fallo de esta ambiciosa, y por momentos muy bien ejecutada obra?
Desde mi punto de vista, los tiempos y la concordancia en el guión.
Hereditary tarda muchísimo en arrancar, casi hora y media, y cuando lo hace, todo suena a demasiadas veces visto en pantalla (recuerda muchísimo a La llave del mal y La semilla del diablo) y, lo que es peor, sin terminar de encajar con los planteamientos que se creaban al inicio de la historia.
Me explico, la película tiene dos partes bastante diferenciadas: una primera, casi sin momentos de tensión, que es básicamente un drama familiar con personajes que están todos un poco mal de la cabeza; y una segunda donde los elementos sobrenaturales y terroríficos comienzan por fin a aparecer, aunque con escasos sustos y buscando más el desasosiego que el terror fácil.

Pero el enlace entre estas dos partes no es todo lo lógico y fluido que uno se hubiera esperado: hay personajes y situaciones que aparecen en la primera hora y que desaparecerán por completo de la trama y no influirán para nada en la resolución final.

Hay también ciertos acontecimientos que se producen de manera fortuita y aleatoria, pero que de manera sorpresiva y un poco tramposa resultarán claves para el desarrollo de la trama, dificultando la credibilidad de lo que estamos viendo y dejando un regusto agrio cuando acaba la proyección.
Y es una pena, porque la dirección y los movimientos de cámara del debutante Ari Aster son excelentes, con planos de gran originalidad y elegancia, y una gran dirección de actores (muy bien elegidos, por cierto, sobre todo la niña Milly Shapiro, autentica revelación del filme con un papel que se nos hace demasiado corto y poco aprovechado).

Decía el genial dramaturgo Chejov: “Si dijiste en el primer capítulo que había un rifle colgado en la pared, en el segundo o tercero este debe ser descolgado inevitablemente. Si no va a ser disparado, no debería haber sido puesto ahí.". Hay por desgracia demasiados rifles sin disparar en esta historia, que acierta en la creación de unos complejos y muy interesantes personajes, pero falla estrepitosamente en el desarrollo de la trama. Nos queda al menos la esperanza y convencimiento de que en un futuro este director tiene el talento suficiente para crear una verdadera obra maestra.

Por Antonio Amaro, El Misántropo Feliz


Ficha de la película:

Título original: Hereditary
Año: 2018
Duración: 126 min.
País: Estados Unidos
Dirección: Ari Aster
Guion: Ari Aster
Música: Colin Stetson
Fotografía Pawel Pogorzelski
Reparto: Toni Collette,  Gabriel Byrne,  Alex Wolff,  Milly Shapiro,  Ann Dowd
Productora: PalmStar Entertainment / Windy Hill Pictures. Distribuida por A24
Género: Terror | Casas encantadas. Fantasmas. Sobrenatural. Cine independiente USA. Sectas
Web oficial https://a24films.com/films/hereditary
Sinopsis:
Cosas extrañas comienzan a suceder en casa de los Graham tras la muerte de la abuela y matriarca, que deja en herencia su casa a su hija Annie. Annie Graham, una galerista casada y con dos hijos, no tuvo una infancia demasiado feliz junto a su madre, y cree que la muerte de ésta puede hacer que pase página. Pero todo se complica cuando su hija menor comienza a ver figuras fantasmales, que también empiezan a aparecer ante su hermano. (FILMAFFINITY)