“VARDA POR AGNÈS”, una artista explicada por sí misma


Agnès Varda es una leyenda que acabamos de despedir hace un par de meses, pero que no ha dejado de sorprendernos hasta el final de sus días. Posiblemente su faceta más conocida sea la de cineasta, y su obra más famosa, “Cléo de 5 à 7”, adscrita a la corriente de la Nouvelle Vague francesa. A pesar de ser ésta una obra de ficción de mediados del siglo pasado, vemos cómo la autora no puede evitar tirar hacia lo que más disfruta, el género documental. Esta película, temprana en la carrera de Agnès Varda, está plagada de detalles innovadores, partiendo de la idea misma de haberla grabado en dos horas, de ahí el título que alude a la vida de la protagonista entre las 5 y las 7 de la tarde.

Todas las obras de Agnès están repletas de juegos formales, no hay ni una que no se salga de los esquemas clásicos a los que estamos acostumbrados, y si alguien lo duda, no tiene más que ir a ver su última obra, “Varda por Agnès”, que hace un repaso de todo su trabajo cinematográfico, pero también de su menos conocida faceta de fotógrafa y artista visual, según la denominación que ella reclama, habiendo expuesto numerosas instalaciones en museos de todo el mundo.


En este documental tampoco escapa a su característica originalidad. A modo de clase magistral, asistimos a la ponencia que ella misma ofrece desde el escenario de un fastuoso teatro. Su discurso no deja de tener un tono didáctico, pero el amor que desprenden sus palabras son las de una maestra dedicada al arte con vida y alma. Agnès Varda acuña la palabra que define su actividad: “cinécriture”, o “cine-escritura”, que alude a su implicación en todos los aspectos de la creación y en el cuidado de todos los elementos de la obra fílmica por igual.

Lo que podríamos esperar de este tipo de formato, en el que la autora explica su trayectoria desde el estrado, es lo que realiza en contadas ocasiones: proyectar fragmentos de las películas a las que alude e invitar al escenario a personajes que han influido en sus trabajos para una breve entrevista. Pero esto, que de por sí es interesante, no basta al genio creador de Varda, que derriba los muros de esta improvisada aula académica para pasearse por los decorados de esas películas de las que nos habla, describiendo in situ los artificios técnicos que ideó para plasmar las ideas rompedoras que siempre le han asaltado.

Aunque Varda fallecería poco después de que esta película se estrenara en la Berlinale, en “Varda por Agnès” aparece como una alegre mujer que no se está quieta. Con 90 años tiene la perspectiva apropiada para reflexionar sobre todas las inquietudes que siempre la han motivado. Deja patente el activismo político y social que subyace en la mayoría de sus películas, como son “L’une chante, l’autre pas” y “Documenteur”, películas feministas de los años 70; “Loin du Vietnam”, que denuncia el episodio bélico estadounidense; “Sin techo ni ley”, con cuya protagonista, Sandrine Bonnaire, analiza el tema del rechazo social hacia los desarraigados; “Murs murs” sobre los artistas callejeros neoyorquilos, o “Los espigadores y la espigadora”, una vez más embelleciendo el tipo de vida marginal de quienes viven de la recolección de desechos.


Muchas otras de sus obras exaltan el arte por el arte, como “Las cien y una noches”, que reúne el más brillante elenco jamás visto en una película, con gran número de estrellas internacionales; “Jane B par Agnès V”, fabulando sobre la vida de la famosa artista Jane Birkin a modo de falso documental; o “Lions Love”, que caricaturiza el star system de Los Ángeles en los años 60.

Otra tendencia clara en el ojo observador de Varda es el retrato humano, y su particular exaltación de los rostros comunes. Según sus propias palabras: “Nada es banal si llevamos amor hacia el objeto o las personas que filmamos”. Este principio se recoge especialmente en varias de sus películas documentales sobre personas de a pie de calle: “Daguerrotipos”, “L’opéra mouffe”, o “Caras y lugares”, todas ellas atesoran las intervenciones de los paseantes cotidianos en la geografía popular francesa.

Muchas otras son las obras que componen la singular filmografía de esta gran artista, que pueden descubrirse durante el visionado de este documental póstumo, así como el interesante trabajo plástico, relativo a las instalaciones para museos, el cual sí tiene mucho que ver literalmente con el plástico, el cual eleva a material precioso, lo mismo que hace en sus películas con los actores no profesionales de procedencia humilde.


En “Varda por Agnès” la autora reflexiona sobre la edad. Confiesa haber pasado una década preocupada por concluir ideas de proyectos con prisas, ya que cumplir 80 años le pareció una precipitación hacia el fin. Como buena visionaria, es significativo que su último trabajo sea este monográfico sobre sus obras completas, realizado a sus 90 años, en donde anuncia que ya no tiene el miedo y las prisas de diez años atrás. Para mí, la enseñanza más ejemplar de Varda es tomar la iniciativa de dejar este legado explicativo de su visión artística. Mucho podemos elucubrar sobre las intenciones ajenas, pero nadie como uno mismo para analizar su trabajo. Un ciclo redondo cerrado con broche de oro, una obra que añade gran valor al conjunto y nos permite entender en menos de dos obras toda su carrera. Para los amantes del arte, una lección imprescindible.

Por Irene Arnanz.