CINE NATURALISTA EN EL FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN 2022. El arte de emocionar (y a veces de aburrir).

 



Beatriz Batarda, Yarmouth-Provisional Figures

Creo que el arte es bueno cuando logra emocionar a alguien que no sabe nada de arte. Lo cual no es óbice para el hecho de que poseer cierta cultura y sensibilidad pueda ayudarte a ahondar en dicha emoción.


El cine no escapa a este particular axioma, ya que por lo habitual no solo trata de entretener sino de provocarnos todo tipo de sensaciones dispares, recurriendo para ello a muy diferentes elementos: trama, diálogos, banda sonora, tipos y duración de planos, enfoque, fotografía etc.


La sutileza para combinar de manera adecuada estos elementos es uno de los logros más difíciles de conseguir para todo director y guionista. Y de los más tergiversados. Hay quienes ven en un plano fijo de cinco minutos donde no ocurre nada destacado mil simbolismos grandiosos de compleja trascendencia. Bien por ellos. Pero yo suelo ser incapaz de percibir tales complejidades salvo que dichas escenas aporten algo al desarrollo de la historia o posean una indudable belleza fotográfica.


Es por ello que no soy muy amigo del cine naturalista, ese que muestra fragmentos realidad cotidiana casi como si de un documental se tratase, sin recurrir a complejas historias, diálogos ingeniosos, bandas sonoras omnipresentes ni demás artificios cinematográficos; intentando así componer lo que podría ser una descripción de la sociedad actual lo más fidedigna posible.


Y aunque a veces se consiguen obras maestras en este género, reconozco que la mayoría de las veces me acaba aburriendo este tipo de propuesta, que además suelen empeñarse en desarrollar tramas de muy lento discurrir y con notable escasez de diálogos.


Así que se podría considerar como una especie de broma amarga del destino el que cuatro de las cinco primeras películas que he presenciado en el reciente festival de San Sebastián pertenezcan a este género. Pues si bien es cierto que es cine propenso a este tipo de festivales, encadenar tanta historia costumbrista no es lo habitual y les aseguro que pone a prueba hasta a las mentes más entrenadas a visionar todo tipo de historias.


La primera película con que nos encontramos fue “Girasoles Silvestres” del director Jaime Rosales, que narra la vida de una chica del extrarradio catalán (excelentemente interpretada por Anna Castillo) a través de tres relaciones con hombres muy dispares.

Anna Catillo y Oriol Pla
                                                                   

Estructurada en tres episodios que corresponden a cada una de las relaciones, es sin duda el primero el más interesante gracias a una interpretación un tanto histriónica del actor Oriol Pla, pero paradójicamente muy efectiva, creando sin duda al personaje más interesante del film: un hombre posesivo y neurótico del que el actor logra sacar tanto momento cómicos como dramáticos de gran fuerza e intensidad. Por desgracia desaparece durante el resto de la trama, quizá demasiado abruptamente, siendo los otros dos capítulos más monótonos y dispersos, en parte debido a las personalidades más anodinas de las otras parejas de la protagonista (uno indeciso y poco comprometido, otro más comprensivo y burgués pero con cierta falta de empatía), y en parte al recrearse demasiado en situaciones cotidianas sin excesivo interés.


Si bien esta última obra de Jaime Rosales es magnífica es mostrar el desarrollo y madurez de la protagonista y un buen ejemplo de diferentes tipos de masculinidades, desde mi punto de vista se muestra un tanto simplista en la descripción de las relaciones de pareja, donde la fuente de conflictos parece estar siempre del lado del hombre.


Todo esto provoca que tenga sentimientos encontrados con esta película, así que será como siempre el espectador el que decida hasta qué punto es acertada o no la última propuesta del director español, impecable en lo técnico y construcción de personajes, pero irregular en la historia desarrollada.


“Forever”, del danés Frelle Petersen, cambia completamente de registro al centrarse en el proceso de duelo de una familia ante la pérdida de su hijo y la manera muy dispar que tienen los diferentes miembros de enfrentarse a tal tragedia.

Cartel de Forever, de Frelle Petersen
                                                       
De desarrollo pausado y tono fúnebre (salvo algunos momentos de humor absurdo relacionados con la ornitología, por desgracia demasiado escasos), cuesta sobre todo al principio adentrarse en el drama de los protagonistas, mostrándose más accesible en un satisfactorio tramo final. Nos encontramos ante una historia que busca el realismo sin artificios a costa del interés de la trama; excelente por tanto en la dirección de actores y en el desarrollo psicológico de los personajes, pero que necesita del esfuerzo del espectador por su excesiva lentitud.


Lo cual no quita que aquellos que busquen una historia sincera y honesta sobre cómo afrontar la pérdida de un ser querido encuentren muy interesante y didáctico este tercer film del director danés.


De vez en cuando surgen películas que caen sobre ti como si de una pesada losa se tratara, rígidas e inaccesibles, y que no despiertan al visionarlas más emociones que las del aturdimiento y la confusión.

“Runner”, opera prima de Marian Mathias, pertenece a esta singular clase. Ni su lúgubre fotografía, ni su austera trama (una chica que viaja a orillas del Mississippi para enterrar el cadáver de su padre y allí conoce a un chico tan callado como ella), ni sus desnortados personajes, ni sus lacónicas conversaciones me atraparon lo más mínimo. Elogio la valentía poética de la directora y guionista por crear una obra tan a contracorriente de lo habitual en estos tiempos banales que nos ha tocado vivir, pero por desgracia he sido incapaz de sintonizar con su propuesta.


No opinan lo mismo que yo los miembros del jurado, que le otorgaron el segundo premio en importancia del festival, y puesto que el dogmatismo es lo último que defendemos en este blog les animo a verla con el sincero deseo de que encuentren en esta película la satisfacción artística que a mí me ha sido vedada.


Terminamos con mi favorita de este cuarteto, “Great Yarmouth-Provisional Figures”, del director portugués Marco Martins.


Escrita por él mismo junto al guionista Ricardo Adolfo, ambos han creado una película durísima sobre las paupérrimas condiciones de vida de los emigrantes portugueses que trabajan en las fábricas inglesas de procesado de carne, forzados a realizar las tareas más duras y desagradables, y además despreciados por la comunidad local.


Todo ello a través de los ojos de la protagonista, una soberbia Beatriz Batarda que bien se hubiera merecido el premio a la mejor actriz, y que interpreta a una portuguesa casada con el dueño del hotel donde se alojan estos emigrantes. El asesinato de uno de ellos por no poder pagar la habitación y el encubrimiento de su cadáver desencadenará una serie de engaños y traiciones que acabará en inevitable tragedia en un desolador final.

De nuevo no estamos ante una película fácil, quizá excesivamente nihilista, pero que muestra una cruda realidad contemporánea acompañada de una interesante historia personal, logrando al menos en lo que se refiere a mi caso, transmitirme esa emoción plena y satisfactoria (aunque no siempre agradable) a la que aspira el cine más comprometido, social y artísticamente hablando.



Antonio Amaro.

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