12 de marzo de 2015

La Primera Impresión...


Smiley de El Comediante
Vamos a reivindicar hoy a un “actor”, ya no secundario, sino terciario o cuaternario… con menos reconocimiento que el encargado de cambiar las bobinas del proyector. Imprescindible como una buena banda sonora, pero al que nunca encontraremos en los archivos de los premios Oscar. Memorable como una buena dirección de fotografía, pero al que ningún festival que se precie prestará atención.
Son tan importantes como la primera frase que escogeríamos para presentarnos en la entrevista del trabajo de nuestra vida, o como la ropa que llevaríamos puesta. Son, cómo no... ¡las intros del cine! esos primeros minutos que conseguirán que nos quedemos pegados a la butaca con ganas de que nos sorprendan, o harán que nos cerremos en banda y consideremos mediocres o aburridas las dos horas que vienen después. Nos permitimos usar el término “intro” para referirnos tanto a los propios créditos iniciales (esos de los que desgraciadamente tanto prescinden últimamente los productores), como a las secuencias que acompañan hasta que aparece el nombre del director.
Este es un ranking subjetivo e incompleto, en el que el orden no tiene importancia y solo sirve para hacernos una pregunta muy sencilla: ¿Influyeron estas “primeras impresiones” cinematográficas en la opinión de la historia que nos contaron después?






  • 2001, Una Odisea en el Espacio (Stanley Kubrick, 1968) en este caso, no nos vamos a engañar, seguiría siendo un clásico sin los primeros minutos. Aunque ver a naves espaciales, cápsulas, planetoides, y demás séquito estelar orbitando al son de un vals de Strauss, o a unos homínidos destrozando un cráneo con un enorme fémur bajo los acordes poderosos de “Así Habló Zaratustra”, dejó a los espectadores de 1.968 en tal estado de shock que pudieron aguantar los últimos 45 minutos del filme sin entender absolutamente nada.
                                        

El Cabo del Miedo (Martin Scorsese, 1991)  Aquí hablamos literalmente de títulos de crédito. Y más que de Martin Scorsese (que sin duda lo merece), ponemos el foco sobre el gran profesional Saul Bass, que se dedicó a presentar el equipo de técnico de éste y otros grandes clásicos como Vértigo (Alfred Hitchcock, 1958). Era capaz de transmitirnos inquietud, ansiedad, suspense o terror, solo haciendo uso de una cuidada combinación de colores, música y letras adecuada

                                         

Seven (David Fincher, 1995).  La música de Howard Shore se combina a la perfección con unos nerviosos títulos de crédito que, con la ayuda de fugaces imágenes que insinúan más que muestran, nos ponen el estómago a tono y nos hacen, sin decir una palabra, un retrato siniestro del individuo con el que tenemos que tratar


Snake Eyes (Brian de Palma, 1998) Damos un “me gusta”, más que a la peli en concreto, al irregular Brian de Palma, y sobre todo a sus muy logrados y complicadísimos planos secuencia como este, en el que de forma ininterrumpida, acompañamos a Nicolas Cage como si llevara una cámara goPro por todo un enorme pabellón deportivo mientras nos presenta sus trapicheos y debilidades en un plano secuencia de más de 12 minutos! Todo el resto de la película se alimenta de estos primeros momentos.

                                         

UP (Peter Docter, 2009) Uno va a ver esta película de animación para pasar un rato divertido y no tirar el dinero de la entrada (Pixar no suele defraudar). Un señor llena una casa de globos, y tal. Pero con lo que no cuenta es que los primeros minutos son una auténtica joya del cine. La historia, intenciones y carácter de un viejo cascarrabias quedan diseccionados delante de los espectadores en unas pocas y magistrales imágenes. Lo que haga después aquel anciano ya nos da igual, puede ser traficante de colmillos de elefante, o comerciar con diamantes conflictivos, que nosotros iríamos a muerte con él. El resto de la película no está la altura, pero solo por el comienzo, merece la pena verla
                                            

Watchmen (Zack Snyder, 2009)  Esta película merecería no una entrada, sino una sección entera para hablar de sus virtudes y sus defectos, todo ello encendido por una legión de aficionados al Cómic con mayúsculas, que vieron trasladado a la pantalla con absoluta literalidad (¿quizás fue ese el problema?) el clásico de Alan Moore. Pero solo nos centraremos en las primeras impresiones… pantalla en negro, suena una guitarra desnuda …¿Dylan? The Times They Are Changin sirve para hacernos un repaso a toda la historia reciente del Siglo XX con sorprendentes imágenes llenas de fuerza y detalles (marca de la casa  Snyder).

                                              
                                   
007, El Hombre con la Pistola de Oro (Guy Hamilton, 1974) No podía faltar el más famoso bebedor de martini-mezclado-no-agitado. Esta es solo una más, pero en su tiempo fueron transgresoras, y contaban y cuentan con las mejores voces de la época. Solo por eso, por cuidar los detalles, invertir dinero en algo que no es propiamente el argumento, merecen un reconocimiento aunque algunas hoy en día  nos parezcan fuera de contexto.                                              

    Bueno, son muchas más las que faltan que las que están. Aceptamos vuestras sugerencias, así estaremos recordando y homenajeando a estos anónimos artesanos y evitaremos que si desaparecen, las películas empiecen incluso antes de que lleguemos a sentarnos en la butaca. 

    No hay comentarios:

    Publicar un comentario