22 de agosto de 2015

Basket Case. Esta no es una entrada para todos los públicos

                                                  Basket Case
La cartelera del verano produce hastío. Entre la sobredosis de películas de animación (de todas las calidades), las revisiones no muy afortunadas de versiones que en su momento ya fueron desafortunadas (superhéroes), y unas cuantas de esas "chica conoce chico-chico pierde chica-chico recupera chica". ¿Qué nos queda cuando hemos exprimido todo el talento de las películas del momento hasta el infinito y más allá..? Pues rebuscar en cajones oscuros, recordar viejos comentarios e impresiones de tiempos muy, muy remotos...



Bueno, hace unos 25 años, quizá no muy remotos en cantidad, pero sí en la manera de hacer cine, concretamente de terror, y en la manera de presentarlo. Nos encontramos con que esas películas tenían más en común con un soneto burlón de Góngora que con las producciones que se ruedan actualmente. Para empezar, descubrimos un género que hoy ni siquiera existe: comedia-horror. Pues sí, hoy con todas las posibilidades que ofrecen los efectos digitales, las películas son de terror puro. A veces ni siquiera se apoyan en un buen argumento, porque el peso de la narración lo lleva algún niño de aspecto desmejorado y con expresión nada afable que suele aparecer con cuentagotas en los momentos en los que se supone tu atención te hace más vulnerable. Y son efectivos, ya lo creo, con ayuda de gabinetes de psicólogos y buenos programadores informáticos habrán buceado entre los miedos más atávicos de nuestro inconsciente para dar forma a apariciones de niños pálidos/señoras de negro realmente aterradoras. Pero cuando en los 80 querías dar miedo y no tenías tantos recursos, lo primero que tenías que hacer era estar preparado para dar un poco de risa. No tomarte demasiado es serio, vamos. Por allí se paseaba con una cámara cutre un tal Peter Jackson haciendo el gamberro en películas como Braindead (1992). Y qué vamos a decir hoy de él. Tiene más dinero que todos los enanos de la cueva juntos. Pero había mucho más, directores que no tuvieron la fortuna del neozelandés, como un tal Frank Henenlotter, pero que hicieron cosas realmente "curiosas". Las comillas son un modo de aviso, ya que las imágenes pueden (deberían) herir la sensibilidad de cualquier espectador medianamente cuerdo, y es posible que aquel que recomiende una película de esta calaña se gane el odio eterno de algún curioso aprensivo. Y es que el argumento de "Basket Case: ¿dónde te escondes hermano?" se las trae (REVELADOR): dos hermanos siameses son separados durante la niñez, uno es un individuo normal, el otro una suerte de tumor cuasi humano y deforme malo como un demonio, que viaja con su hermano escondido en una cesta. Juntos planean la venganza contra el equipo de médicos responsable de su separación.



 El argumento es ya de por si bastante asombroso, pero lo realmente asombroso es que la película se rodó con un presupuesto de 35.000$ Ni siquiera en el año 1982 era una cifra respetable. No te quedaba más remedio que tomártelo a risa. Y consigue mezclar a base de genio gamberro, situaciones cómicas de tan absurdas con el gore más feroz. La película se convirtió inmediatamente en un film de culto, y el director rodó otras dos entregas más, ahora con más medios, pero sin pasarse. El resultado es una trilogía del todo imprescindible. El ambiente grotesco y sórdido de las dos siguientes las convierte en un homenaje a "La Parada de los Monstruos" (Tod Browning, 1932), en los que el horror se muestra desnudo, se pasea por la pantalla, nos invita a su mesa en lugar de esconderse agazapado para darnos sobresalto. Lo dicho, una trilogía terroríficamente imprescindible... pero no para todos los públicos ¡No digáis que nos os avisé!






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