8 de agosto de 2015

Una explosión de un millón de soles

Hace ahora 70 años, la realidad superó a la ficción. Pero no una realidad fantástica, amable o creativa... el mayor holocausto instantáneo que el hombre hubiera imaginado, se convirtió en un juego de niños después de lo vivido el 6 de agosto de 1945 en Hiroshima. Demasiadas preguntas sin respuesta, más aún demasiadas preguntas que ni siquiera se han formulado abiertamente.Tan profunda fue la huella que dejó aquella fatídica "Little Boy", que ni una sola de las manifestaciones artísticas se mantuvo al margen del nuevo orden que se alineó a partir de entonces. El cine ha revisado de forma directa una y otra vez la imagen del temible hongo atómico, pero indirectamente, creó un subgénero mismo dedicado a las películas postapocalípticas que ha sido de los más fructíferos e interesantes de la historia reciente. También son frecuentes los thrillers con espías de por medio que tratan de evitar un enfrentamiento nuclear. Voy a citar hoy unas pocas películas, algunas tristemente no muy conocidas, que merecen su sitio en esta fecha, por ser cada una en su estilo, valientes alegatos por la paz como fin en si mismo, al tiempo que no permiten que tantos miles de voces caigan nunca en el olvido...




Teléfono Rojo ¿volamos hacia Moscú? (Stanley Kubrick, 1964): pese a lo desconcertante de la traducción de su título original "Dr. Strangelove, or How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb", nos hallamos en uno de esos casos en los que la sinergia de dos fuerzas creativas (Kubrick y Peter Sellers) dan lugar a un resultado genial. Lo mejor de todo, es que el tono de comedia de la película permite hacer una crítica más descarnada y directa del sinsentido de la carrera nuclear en la que se hallaba metida la humanidad entera allá por 1960.


Cuando el Viento Sopla (Jimmy T. Murakami, 1986): No voy a descubrir aquí las joyas que nos ha regalado la animación japonesa a desde hace tantos años. Pero esta historia merece mucho la pena, el relato desgarrador no viene disfrazado de ninguna alegoría, y la banda sonora la firma el mismísimo Roger Waters (responsable de The Wall). ¿Alguna razón más para verla?


Lluvia Negra (Shoei Imamura, 1989): Japón, por razones obvias, merece ser el cronista de esta página negra. Después de la explosión de un millón de soles, pareció que la lluvia llegaba desde el cielo para aliviar el infierno en el que se habían convertido las calles de Hiroshima, con sus casas construidas en madera. Pero nada más lejos de la realidad, las gotas cayeron gruesas y negras, saturadas de material radiactivo que se filtró y envenenó fuentes y acuíferos. Esta películas absolutamente recomendable trata de las consecuencias posteriores a las que tiene que enfrentarse nuestra protagonista, a veces tan crueles como la propia explosión.


Cartas de un Hombre Muerto (Konstantin Lopushansky, 1986): Una pequeña rareza, sofocante por su atmósfera cruda y sus colores de tierra. El argumento es postapocalíptico y no demasiado original, pero sí lo es el punto de vista de este director ruso, y no puede faltar la voz de la antigua Unión Soviética cuando repasamos las consecuencias de las aventuras nucleares...


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