5 de septiembre de 2015

Wes Craven, un hombre sin miedo al éxito.

                                                                                Freddy Krueger
Si Freddy Krueger tuviese un padre, hoy estaría huérfano. Porque nos ha dejado un referente del cine de terror de los años 80 que supo reinventarse y prolongar su influencia en la década de los 90. Se trata de Wes Craven, un cineasta esquivo para la crítica especializada, pero al que el público siempre le dio el apoyo que los críticos le negaban.



Y es que este estadounidense nacido en Ohio se inició en el terror allá por el año 1972 con  La Última Casa a la Izquierda, y pronto consiguió su primer gran éxito con Las Colinas Tienen Ojos (1977), posiblemente su película mejor considerada a nivel de crítica. Pero poco iban a importarle las opiniones de otros que no fueran los que compraban sus entradas... Porque después de una discreta adaptación del cómic La Cosa del Pantano (insuperable la serie escrita por Alan Moore), llegaría Pesadilla en Elm Street (1984). Aquello supuso un terremoto en el anquilosado mundo del terror para adolescentes. Pocas imágenes resumen tanto el imaginario de una generación como las afiladas garras del desfigurado protagonista. Contra todo pronóstico, ese engendro demoníaco, con más vidas que el coyote del correcaminos, se convirtió en icono de la década. El villano se convirtió en una estrella, y hasta volvió famoso a Robert Englund, irreconocible bajo varias capas de látex queloide. Freddy Krueger trascendió mucho más allá de su propia película, eclipsándola por completo. De esta, poco más que reseñar: unos más que notables títulos de crédito (cualquier parecido con Conan el Bárbaro (John Millius, 1982) no es pura coincidencia), y ver a un jovencísimo Johnny Depp, descubierto por Craven. Pero no contento con eso, consiguió estirar la gallina de los huevos de oro con una serie de entregas en las que estuvo involucrado de una u otra manera, gozando todas ellas del favor de los incondicionales de Freddy Krueger.


Se podría decir que Wes Craven es al cine, lo que Aaron Spelling a la televisión... no vamos a comparar Los Ángeles de Charlie con True Detective está claro, pero mantenerse décadas en la cima no puede ser casualidad pese a quien le pese. Y es que, si a alguien le quedaba alguna duda del don de Wes Craven para conectar con los miedos de unos adolescentes ansiosos de que los asusten, si pensaron que lo del sombrero de paja, jersey a rayas y uñas de lobezno fue una chiripa, tuvieron que tragarse sus palabras cuando en 1996 estrena Scream. Otro éxito comercial, otra imagen icónica que generará más ganancias en disfraces que la propia película, en definitiva, otra serie de entregas con una legión de seguidores fieles que van a acercarse a las salas sin mayores exigencias, porque a ese público concreto, lo más difícil es ganárselo, y una vez das con ellos te serán fieles hasta la entrega decimoquinta más o menos.


Después algún que otro descalabro, como Un Vampiro Suelto en Brooklyn (1995) con Eddie Murphy, y alguna sorpresa agradable como Música del Corazón (1999) con Meryl Streep. En Vuelo Nocturno (2005), podemos ver uno de sus últimos trabajos y a Cilian Murphy interpretando a uno de los villanos más cómicos (por poco creíble) que se pueden ver en un thriller. Pero poco importaba ya, la herencia de Wes Craven  había sido entregada a varias generaciones entre los 80 y 90. Decía Sabina que una canción deja de ser tuya y se convierte del pueblo cuando la escuchas cantar por la calle a los borrachos... e imagino que unos personajes que salieron de tu imaginacion, dejan de ser tuyos cuando ves a niños y mayores poniéndose máscaras blancas con expresión grotesca, o calándose un viejo sombrero de paja y unas afiladas uñas cada vez que se acerca la fecha de Halloween. Eso es lo que Craven nos deja, y es también lo que se lleva, muchos grandes del cine se han llevado menos.

Wes Craven

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