3 de octubre de 2015

Escalando hacia el cielo

El techo del mundo no es lugar cómodo ni acogedor, las ideas se congelan o se las lleva el viento. Coincidiendo con el estreno de Everest (Baltasar Kormákur), no podemos dejar pasar el hecho de que las montañas han ejercido siempre una poderosa atracción para los espíritus más intrépidos, consiguiendo sacar las más escalofriantes historias protagonizadas por gente de carne y hueso. La espectacularidad y los medios de Everest son evidentes, pero el cine se ha acercado varias veces a las laderas heladas de una montaña o a un muro vertical de granito, y lo ha hecho con resultados bastante interesantes y curiosos que hoy os invito a repasar con equipaje ligero.




Everest (Baltasar Kormákur, 2015) Las más modernas técnicas de filmación (que no de escalada) consiguen unas imágenes espectaculares, seas montañero o profano. El resultado conseguido presenta a la montaña más alta del mundo de un modo nunca visto antes,  para ello el equipo de rodaje se desplazó a los Alpes con el objetivo de recrear las cumbres del Himalaya. El hecho de que se trate de una historia verdadera, ocurrida hace relativamente poco tiempo y casi retransmitida en directo no hace si no aportar más dramatismo a la trama. Pero las concesiones que se toma la película para convertirse en un blockbuster son evidentes, y harán sonrojar o aguantar más de una risa al alpinista que se acerque a verla.

                                        

Cara Norte (Philipp Stölzl, 2008) No es tan alto como el Everest con sus 8.848m, pero el Eiger (el Ogro) no es una de esas cimas que puedan subirse pagando un dineral a un guía experimentado. Si no eres de una pasta especial, estás perdido. Su cara Norte permaneció inexpugnable hasta bien entrado el siglo XX, y en esta más modesta aunque bastante fiel película, nos cuentan la historia real de los intentos de dos renombrados alpinistas alemanes para conseguir la ascensión imposible, con la presión añadida de hacerlo en plena Alemania nazi.
                                        

Límite Vertical (Martin Campbell, 2000): Esta es sin duda, la más irreal película de escalada que se haya rodado, a menos que su equipo protagonista pertenezca a los X-Men. Martin Campbell confunde su Leyenda del Zorro y sustituye las espadas y acrobacias a caballo por piolets y saltos imposibles hasta para Jackie Chan. Todo esto además, en la segunda cumbre del planeta, el K2.
                                       

Máximo Riesgo (Renny Harlin, 1993): Esta no es propiamente una película de escalada. Es una buena película de acción protagonizada por escaladores. Quizá por eso, porque no pretendía mostrarse como un falso documental ni tener vocación de realismo se toma menos en serio a si misma, y es tan agradable de ver. Supuso un acierto en la carrera de Stallone que venía de encadenar una serie de fracasos, y para los amantes de la escalada son impagables los escasos minutos en los que Stallone es doblado por Wolfang Güllich, el mítico escalador alemán desaparecido poco después. 

                                      

Licencia para matar (Cint Eastwood, 1975): El Eiger es una montaña terrorífica... a menos que seas Harry el Sucio. Esta es una curiosa película de  Clint Eastwood escalador, la montaña es el marco en el que se desarrolla una trama de espionaje, pero Eastwood le da la suficiente importancia como para convertirla en parte activa de la historia.

                                     

Grito de Piedra (Werner Herzog, 1991): Si cogemos todas las montañas del Himalaya, las metemos en un burrito, y les echamos unos buenos chorros de chile picante... tenemos la Patagonia, y el medio el Cerro Torre. Esta es la personal versión de Werner Herzog de el ataque a una cima mítica, sobran los motivos para verla y goza de una aceptación mucho mayor entre los amantes de la montaña que las superproducciones de Hollywood.

                                     

Tocando el Vacío (Kevin McDonald, 2003): Esta es, seguramente, la película imprescindible de cualquier escalador. Es el "Operación Dragón" para un aficionado a las artes marciales. No se trata de una superproducción ni se ha rodado con medios comparables a Everest o Límite Vertical. Pero sin todos esos recursos, es sin duda la que mejor consigue transmitir al espectador la intensidad y el drama increíble que narra la historia utilizando mecanismos más sutiles que los espectaculares efectos especiales, pero infinitamente más efectivos. En este caso nos trasladamos a los Andes peruanos. Y mientras la vemos, no podemos dejar de preguntarnos: "¿Pero esto ocurrió?", "¿Pero esto es de verdad, en serio estos tíos existieron?" La respuesta, una y otra vez: sí.

                                     

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