21 de noviembre de 2015

Spectre. Daniel Craig y Sam Mendes mezclados, no agitados

Llega él, el de los Aston Martin, Martinis, trajes antibalas que repelen el polvo y no se arrugan. Llega James Bond, con todos los tópicos que ello significa... ¿o a lo mejor algo en este chico está cambiando?

El primer cambio que notamos ante todo, es el estatus de nueva potencia en el mundo cinematográfico que ostenta México. Lejos quedan las referencias estereotipadas de un país caricaturizado por su hermano poderoso del norte, donde solo era posible ofrecer una imagen de gracioso, de inepto, o de capo sin escrúpulos. La escena que abre Spectre es un espectacular plano secuencia rodado en el corazón del D.F.



La megaciudad se muestra moderna, vital y a la altura de una de las mejores entradas de la franquicia que se recuerdan. Del Toros, Iñárritus y Cuarones, se han convertido en los mejores embajadores de México a base de puro talento. A partir de aquí, nos encontramos con los elementos que no pueden faltar en toda cinta de 007: unos voluptuosos créditos iniciales, la persecución de superdeportivos imprescindible... Pero mientras damos saltos por el globo de continente a continente, a parte de tener la sensación de estar viendo un catálogo otoño-invierno de etiqueta para hombre, detectamos un sabor a cine negro en Bond que no se adivinaba antes en la saga. Es una agradable sensación, que podríamos atribuir al rostro hierático de Daniel Craig... pero no.

En su haber está una de las más prescindibles y anodinas cintas de 007 de todos los tiempos, que aún siendo de las más recientes, se recuerda menos que cualquiera de Connery: Quantum of Solace. Entonces, ese agradable aroma a cine negro, que ya pudimos saborear en Skyfall, se lo tenemos que atribuir a Sam Mendes. He aquí el mayor hallazgo de las dos últimas entregas, el sentido que puede mantener viva una franquicia basada hasta ahora en el estereotipo de un héroe misógino, en diálogos hirientes de lo previsibles y superficiales.

Sam Mendes se encarga de poner educación delante de la chulería, e incluso de indagar en la infancia traumática de Bond para justificar así algunos de sus excesos del pasado. Y es que nunca antes, hasta la fecha, había contado la saga Bond con un director tan notable como Sam Mendes. Era la típica franquicia a la que se le ponía al frente directores por encargo, sin ningún tipo de sello personal en sus cintas. Pero Mendes es responsable de títulos como American Beauty (1999), y muy especialmente Camino a la Perdición (2002). Se trata esta última, de la mejor película de cine negro rodada fuera de la Edad de Oro de Hollywood (Bogart, Huston y compañía). En ella Tom Hanks se marca un papelón, y el propio Craig firma la mejor interpretación de su carrera, pero todos quedan absolutamente eclipsados por un Paul Newman inmenso. Sorprendió por tanto, que Mendes se embarcara en un Bond, y se le nota incómodo en medio de los peajes por los que tiene que pasar toda película del agente británico. Pero es que James Bond no puede dejar de serlo aunque lo quiera, no puede reinventarse ni modernizarse a tal extremos de perder sus señas de identidad, ya que la nómina de agentes secretos hoy día es tan extensa, que quedaría diluído entre el siempre estresado Ethan Hunt o el siempre amnésico Jason Bourne.

Y otra novedad en la serie, en este caso no tan agradable, es la inclusión por primera vez de un nexo de unión entre todas las entregas protagonizadas por Daniel Craig, al más puro estilo de las películas de Marvel, donde todas las entregas forman parte de un puzzle aún mayor. Espero que nos sigan por ese camino de seguir una línea temporal entre las distintas películas, sino acabarán por tener que explicar porqué M y Q van envejeciendo, y  el bueno de James sigue en edad de merecer...

El resto del equipo cumple como se podía esperar en actores de su oficio. Destacar al siempre sobresaliente Chris Waltz y a la que fue una promesa y ya es una realidad Lea Seydoux, que lo mismo brilla en Spectre que te deja con la boca abierta en La Vida de Adele (Abdelatif Kechiche, 2013)

Los ciclos en los que se emiten todas las películas de la saga abundan cuando se acerca el estreno de una nueva entrega, y son una ocasión inmejorable para valorar la evolución de la franquicia y del personaje. Ante la pregunta ¿qué Bond prefieres, los de Connery, Pierce Brosnan, Daniel Craigg? Yo respondería sin dudarlo: los de Sam Mendes.

Tráiler de la película



Ficha de la película
Dirección: Sam Mendes
Guión: John Logan, Neal Purvis, Robert Wade, Jez Butterworth (Personajes: Ian Fleming)
Música: Thomas Newman
Fotografía: Hoyte van Hoytema
Reparto: Daniel Craig, Christoph Waltz, Léa Seydoux, Ralph Fiennes, Monica Bellucci, Naomie Harris, Rory Kinnear, Ben Whishaw, Dave Bautista, Andrew Scott, Jesper Christensen, Stephanie Sigman
Productora: MGM / Columbia Pictures / Albert R. Broccoli / Eon Productions
Sinopsis
Un críptico mensaje del pasado envía a James Bond a una misión secreta a México D.F. y luego a Roma, donde conoce a Lucía Sciarra, la hermosa viuda de un infame criminal. Bond se infiltra en una reunión secreta y descubre la existencia de una siniestra organización conocida como SPECTRE. Mientras tanto, en Londres, el nuevo director del Centro para la Seguridad Nacional cuestiona las acciones de Bond y pone en duda la importancia del MI6, encabezado por M. De modo encubierto Bond recluta a Moneypenny y Q para que le ayuden a buscar a Madeleine Swann, la hija de su antiguo archienemigo, el Sr. White, que quizá tenga la clave para desentrañar el misterio de SPECTRE. A medida que Bond avanza en su misión, descubre una estremecedora conexión entre él mismo y el enemigo que busca. (Fuente: FILMAFFINITY)

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