15 de enero de 2016

David Bowie: adiós al Rey de los Goblins.

Se fue con la misma elegancia con la que vivió. Pocas veces alguien relacionado con  el mundo de la música ha tenido tantas y buenas razones para ser recordado en un sitio dedicado al cine. Y es que la aportaciones del chico de Brixton han sido tantas como las veces que reinventó su mundo creativo. Si el cine puede definirse como la ecuación artística que suma la imagen, el movimiento y el sonido en un todo estético, ésa era precisamente la esencia de David Bowie. Su legado cinematográfico va desde canciones, de esas con mayúsculas que son imposibles de separar de las películas a las que daban vida, bandas sonoras, hasta trabajos como puro actor (algunos realmente solventes). Y está, no hay que olvidarlo, ese legado intangible, difícil de valorar pero sin duda esencial, que es una aportación estética, una declaración del "sé lo suficientemente fuerte para ser tú mismo" sustentada en imágenes por el estilo glam que él mismo creó, que han influenciado de manera radical en los más creativos realizadores de la vanguardia actual. Los nombres con los que hoy podemos despedirlo son innumerables, desde "Gran Duque", "Camaleón" (sufrió una lesión ocular que le producía una dilatación permanente del iris, por lo que a veces se le atribuyó de manera errónea que tuviera los ojos de distinto color), "Rey del Glam"... Pero por suerte para nosotros, el Bowie actor dejó aportaciones suficientemente interesantes como para ser merecedoras de un recuerdo.




El Hombre que Cayó a la Tierra (Nicolas Roeg, 1976) Fue quizá su primer trabajo cinematográfico digno de tener en cuenta. Su apariencia andrógina, su elegancia innata y sofisticada, le hicieron perfecto para interpretar a un alienígena humanoide que viene a la Tierra en busca de agua para su moribundo planeta. En este caso también firma las canciones de la película, que mucho me temo, se recuerdan más que el propio film.


Principiantes (Justin Temple, 1986) Una de esos añorados musicales ochenteros (aunque ambientado en los 50), de la época en la que Prince se paseaba en una Harley del color de la toga de un cardenal. El reparto es interesante (Patsy Kensit), y la historia es imprescindible para situarse en un contexto y en una época. Además contiene himnos del pop como "Absolute Begginers".


Dentro del Laberinto (Jim Henson, 1986) Mítica cinta del fantástico de los 80. Tenemos al frente de la nave al genial Jim Henson, ese artesano que creaba sus fantasías a base de felpa y mucha paciencia en lugar de con pixels. Se echan de menos sus criaturas nerviosas de ojos saltones, a las que difícilmente se disimulaban los cables y que desprendían diversión y malicia a partes iguales. Destacar también el primer papel de una prometedora niña/adolescente: Jennifer Connelly que dejaba claro las cualidades innatas que más adelante desarrollaría en su irregular (pero a ratos genial) carrera. Y por encima de todos ellos, con un pelo cardado imposible, embutido en unas mallas que harían morirse de vergüenza a Superman, estaba el Rey de los Goblins. Un villano que es hoy un icono de los más recordados del artista, mitad trágico, rebosante de carisma, al que no conseguimos odiar en ningún momento aunque se dedique a jugar con el alma de un revoltoso bebé. Y de propina, se pone a bailar en en un castillo goblin convirtiéndolo en una fiesta a la que en cualquier momento esperábamos ver llegar a los Culture Club o  Freddie Mercury.


El Truco Final (Cristoper Nolan, 2006) Se trata este de un trabajo que no dejó la huella de Dentro del Laberinto, pero es a mi juicio la mejor interpretación que dejó el Bowie actor. La genial película de Nolan pasó relativamente desapercibida, no fue hasta que, gracias a la explosión de " El Caballero oscuro", los seguidores del director británico se contaron por legión, y estaban ansiosos de revisar cualquier trabajo con el sello Nolan, otorgando por fin a esta sobresaliente obra, una reputación más acorde a su calidad. La personalidad aquí hierática, allá mística, con aire de ser supremo alejado del bien y del mal al que le incomodan las preocupaciones materiales, le vino como un guante para interpretar al siempre fascinante genio Nikola Tesla. Y lo que debería ser un punto y seguido en la colaboración artística entre David Bowie y Cristopher Nolan se vió truncada de manera traumática antes de tiempo, privándonos a buen seguro de los interesantes trabajos que siempre resultan de la suma de dos mentes hipercreativas.


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