11 de junio de 2016

90 años de Mel Brooks. Demostrado, la locura alarga la vida.

Mel Brooks cumple 90 años. Casi un siglo para uno de los tipos más peculiares de Hollywood. Neoyorquino de nacimiento, no pierde ocasión en dejar claras y presumir de sus raíces judías, haciendo humor con ciertos temas tan delicados, que solo un genuino hebreo podría hacerlo.
Los 80  vivieron la época dorada de este productor/director/actor inclasificable, dueño de su propia compañía de actores, empresario de éxito en Broadway y guionista de series de culto. Se hizo popular por sus irreverentes comedias y por su personal humor, alcanzando en pocos años cotas de poder sobre su producto reservadas a pocos cineastas.

Rodeado de un equipo de incondicionales, consiguió los mejores trabajos de actores míticos del género de la comedia como Zero Mostel o Gene Wilder, sus parodias de clásicos de otros géneros (ahora tan de moda) supusieron buenos éxitos de taquilla, aunque cada vez más alejadas del favor de la crítica. Pero dentro de su filmografía irregular, no podemos pasar por alto una serie de películas que son títulos imprescindibles de la comedia, y no sé el motivo, injustamente olvidadas cuando se revisan los clásicos del género. Puede que sea porque huye como de la peste del humor enrevesado, porque sus gags son aparentemente sencillos y buscan el atajo hacia la carcajada antes que las rodeos más complicados. Si los Monty Phyton resolvían una situación con cinco minutos de fina ironía, Mel Brooks prefería la imagen directa, ese golpe simple y sencillo pero que, casualmente solo le funcionaba a él.

Vamos a repasar algunas de sus películas, las mejores según un criterio subjetivo y discutible, porque eso sí, sus títulos abarcan desde películas de culto hasta las más prescindibles concesiones comerciales. Mel Brooks inconfundible y auténtico.




Superagente 86 (1965): Muchos desconocen que Mel Brooks fue el creador de esta mítica serie de televisión que parodiaba las películas de espías. En la época en la que James Bond se mostraba más arrogante y misógino, Maxwell Smart se reía de él a la cara, y de paso se convirtió en una de las series de más éxito de la década. ¿Alguien no recuerda su entrada?


Los Productores (1967): Fue su primera película de éxito como director. Basten para valorarla unos cuantos datos incontestables: Mel Brooks consiguió el oscar al mejor guión original, y fue adaptada Broadway, siendo una de las representaciones que más años se ha mantenido sobre los escenarios. En España, Santiago Segura y José Mota pusieron en marcha su propia versión. En cuanto al reparto, es un lujo poder disfrutar en una misma película de los míticos Zero Mostel y Gene Wilder.


Sillas de Montar Calientes (1974): Lo que pretendía ser una parodia de las películas de vaqueros, se convirtió en uno de los títulos mejor valorados de Mel Brooks. Un político con la intención de llevar a la ruina a un pueblo del Oeste, no se le ocurre mejor idea que nombrar un sheriff negro, y nunca mejor dicho, le sale el tiro por la culata.


El Jovencito Frankenstein (1974): 1974 fue sin duda, el mejor año de Mel Brooks. De este año son dos de sus títulos más sobresalientes. El Jovencito Frankenstein es seguramente su mejor película. La que elegiríamos para que pasara a la posteridad, la que mejor ha soportado el paso del tiempo, la que más imágenes memorables ha dejado en nuestra retina. Rodada en blanco y negro, su personalidad solo se ve superada por las inolvidables interpretaciones de Gene Wilder (otra vez), y el ya mítico Igor (Martin Fieldman).



La Loca Historia del Mundo (1981): Parodia irreverente de la trayectoria de la Historia de la Civilización, contada preferentemente a través de los ojos de un judío. La película comienza con un homenaje a 2001 Una Odisea en el Espacio que termina como el rosario de la aurora, es mejor que lo vean. Y el resto de la película sigue en la misma línea. Si la primera escena les horroriza, no pierdan más el tiempo con Mel Brooks, ni con esta ni con ninguno de sus posteriores trabajos, que ya seguirán siempre este camino. Si por el contrario, se ríen... tienen por delante una película con un montón de esos chistes tontos, pero de los que funcionan.


La Loca Historia de las Galaxias (1987): La locura de Mel Brooks iba en aumento, sus ideas eran cada vez más megalómanas y más absurdas. Mejor para nosotros, en esta demente adaptación de Star Wars, el director tira la casa por la ventana y alcanza sus mayores cotas de chaladura, y también alguno de sus mejores momentos. Inolvidable el "Darth Vader" interpretado por Rick Moranis, y el cameo de John Hurt parodiándose a si mismo en Alien, el Octavo Pasajero.

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