18 de junio de 2016

Warcraft: el Origen. Mismas raíces, savia nueva.


En un mundo global, no podía pasar mucho más tiempo sin que uno de los fenómenos con más seguidores de los videojuegos y de los juegos de rol, diera su salto al cine. Han transcurrido más de 10 años desde que se anunciara la versión cinematográfica, y el resultado podemos verlo y juzgarlo desde hace unos días.

 Reconozco que me acerqué a la sala de cine como creo que debe hacerse en estos casos: con la mente como una pizarra a principio de curso, sin un solo prejuicio (cosa fácil, porque soy un total desconocedor del universo Warcraft).

Y es que soy de los que piensan que es absurdo comparar una película con un libro o un videojuego. Si con algo hay que comparar a una película, es con otras de su mismo género. Por eso voy a poner a Warcraf: El Origen, al lado de la trilogía que ha marcado el punto de referencia del la fantasía épica en la última década, La Trilogía de El Señor de los Anillos de Peter Jackson.




Las películas de El Señor de los Anillos pronto se convirtieron en una entidad propia, independiente incluso del poderoso imaginario de Tolkien. Marcaron un antes y un después en el género fantástico. Hasta entonces era impensable que una producción de ese género pudiese arrasar en los premios oscar, y sus aspiraciones estaban relegadas solo a premios menores y técnicos. Sus aficionados tenían que conformarse con títulos de marcado carácter infantil, de calidad mediocre, y si eran adultos escurrirse dentro de una sala procurando no ser vistos.

Pero con La Comunidad del Anillo (Peter Jackson, 2001) todo cambió. De pronto, una legión de orcos que vivían entre nosotros salieron a la luz. Se sintieron orgullosos de sus gustos cinéfilos, podían compatir sus profundos conocimientos sobre la Tierra media en público sin que les miraran raro. Y Hollywood les comenzó a obsequiar con una legión de títulos de calidad. Pero aunque me cueste reconocerlo como fan absoluto de Jackson, la influencia de la trilogía en el género fue tan grande, que comenzó a devorarse a si misma. Después de El Señor de los Anillos, cualquier título de fantasía épica tenía que pasar unos peajes obligatorios en forma de prólogos con batallas de proporciones bíblicas, personajes con nombres interminables, y encuadres sombríos preferentemente con un volcán en permanente erupción al fondo.

Este corsé en forma de armadura metálica no respetó ni al propio Jackson, cuando se vio obligado a ser esclavo de si mismo en la posterior trilogía de El Hobbit, donde el exceso convirtió en defectos casi todas las virtudes de su predecesora.

Por eso la primera impresión al ver Warcraft vale la pena su visionado: no tienes la impresión de estar viendo El Señor de los Anillos. Es así de duro, reconocer que el género tiene que despojarse de esa pesada losa para caminar solo. Evidentemente hay muchas similitudes ya que la historia tiene elementos de la mitología comunes en la Tierra Media, Dungeons & Dragons, o la propia Warcraft. Pero la personalidad que arrastraba esta historia era lo suficientemente profunda como para tener una entidad diferenciada de La Comaca o Mordor, los personajes debían verse diferentes... si tenían agallas para ello.

Buena culpa en esto debe tenerla Duncan Jones. Si eres hijo de David Bowie, no debes aceptar fácilmente que otros te impongan algo en cuestiones estéticas. Por eso se agradece ver que puedes perderte en esos bosques y no esperar que salga Legolas, o que los orcos no recuerden lo más mínimo a los de Jackson ni en aspecto, costumbres o incluso virtudes (los enanos es otro cantar). Hay algunos elfos que verdaderamente dan miedo, y uno les creería capaces de enfrentarse y salir airosos antes que a esos personajes con mechas australianas que tanto abundan.

En cuanto al reparto, valorar por igual los interesantes orcos que a los humanos nos da una idea de la calidad de los efectos digitales de esta producción, en la que podemos advertir un pasito adelante. Paula Patton es quizá el rol humanoide más interesante, y tampoco podemos olvidar al uno de los nombres más prometedores: el desconcertante Ben Foster (magnífico en El tren de las 3.10 (Charlie Prince, 2007)).
Un último aviso. La apariencia amable del mundo fantástico al que vamos a viajar no debe confundirnos. Aunque las sombras de Mordor se sustituyan aquí por una atmósfera mucho más verde y soleada, y los orcos tengan un rostro mucho más amable, las imágenes se tornan sin previo aviso de una crudeza inédita incluso para la trilogía de Peter Jackson. No confundir con una producción infantil de Disney, o quizá tengáis que abandonar la sala antes de tiempo...



Ficha de la Película:

Título original:
Warcraft: The Beginning
Año: 2016
Duración: 123 min.
País: Estados Unidos Estados Unidos
Director: Duncan Jones
Guión: Charles Leavitt, Duncan Jones (Historia: Chris Metzen)
Música: Ramin Djawadi
Fotografía: Simon Duggan
Reparto: Travis Fimmel, Paula Patton, Ben Foster, Dominic Cooper, Toby Kebbell, Ben Schnetzer, Robert Kazinsky, Clancy Brown, Daniel Wu, Ruth Negga, Anna Galvin, Callum Keith, Burkely Duffield, Ryan Robbins, Dean Redman, Glenn Ennis, Terry Notary, Elena Wurlitzer, Michael Adamthwaite, Anna Van Hooft, Callan Mulvey
Productora: Universal Pictures / Legendary Pictures / Blizzard Entertainment
Género: Fantástico. Aventuras | Fantasía medieval. Cine épico. Videojuego
Sinopsis
El pacífico reino de Azeroth está a punto de entrar en guerra para enfrentarse a unos terribles invasores: orcos guerreros que han dejado su destruido mundo para colonizar otro. Al abrirse un portal que conecta ambos mundos, un ejército se enfrenta a la destrucción, y el otro, a la extinción. Dos héroes, uno en cada bando, están a punto de chocar en un enfrentamiento que cambiará el destino de su familia, su pueblo y su hogar. Así empieza una espectacular saga de poder y sacrificio donde se descubren las numerosas caras de la guerra y donde cada uno lucha por lo suyo. Adaptación del popular videojuego homónimo. (FILMAFFINITY)

1 comentario:

  1. Despues de varios años jugando al WOW, me siento obligado a verla.

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