23 de julio de 2016

De Quadrophenia a The Wall.

Les echamos de menos. Hoy las tendencias son marcadas de manera poco precisa por futbolistas, superchefs, youtubers, gente que grita en la tele, o gente que grita en una isla y luego sale por la tele.

 La música, concretamente el rock, ha dejado de ser la punta de lanza, el espejo en que se miraban los más jóvenes. No se trataba solo de música, era la forma de vestir, de moverse, la manera de hablar que llevaba consigo el abrazar un estilo musical u otro. Eran la tribu y el mundo al que ibas a pertenecer, y llevaban puestos unos aliados y unos enemigos acérrimos, al más puro estilo de la rivalidad que solo se ve hoy  en el fútbol. Puede que hace unas décadas los adolescentes tuvieran más inquietudes que los de ahora, ya que los interrogantes que se planteaban entonces, eran mucho más interesantes que las cuestiones que les quitan el sueño ahora... o simplemente ahora no hay un relevo.

 Su influencia llegaba tan lejos que invadía también otras disciplinas, como el cine. Pero no se trataba de un acompañamiento, de una escena de la película, o de una banda sonora. .Estos grupos de rock, y en ocasiones algún álbum concreto de un grupo, se convirtieron en protagonistas absolutos de sus películas, siendo éstas un instrumento más que complementaba su idea musical. Una película como contenido extra de un vinilo, y no al revés. Qué tiempos.





Quadrophenia (Franc Roddam, 1979): Una de las mejores muestras de lo que se dio en llamar "ópera-rock". Si eras joven en el Londres de 1965, tenías que escoger si eras mod o eras rocker. Puede que muchos hayan conocido a The Who por ver las distintas variantes de CSI  pero la estética de este film ha marcado a más generaciones que el bikini de la Princesa Leia. Aún sin saberlo, un laberinto de tribus urbanas que proliferaban en los 90, bebían directamente de este film de culto, scooters imposibles incluidos. Entre sus protagonistas, destaca el papel de un jovencísimo Sting, dejando huella de su personalidad tanto encima de un escenario como delante de una cámara.

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Tommy (Ken Russel, 1975): Ópera rock escrita por y para mayor gloria de The Who, en el momento en el que estaban en el apogeo de su carrera. No es una obra que cuente una historia de principio a fin y que se siga con facilidad, como Quadrophenia. De hecho, si os sentís perdidos o desconcertados en buena parte del film, no os preocupéis, es una inequívoca señal de que estáis cuerdos. Pete Towsend escribió él mismo la historia que debía poner en el celuloide su genial álbum del mismo nombre. En medio de tramas e imágenes lisérgicas, son impagables los papeles de músicos de la talla de Tina Turner, Eric Clapton que llega como caído del cielo, Elton John y por supuesto Roger Daltrey. Pero también contó con actores de carrera como Ann Margret y Oliver Reed.



A Hard Day's Night (Richard Lester, 1964): Un día normal en la vida del grupo más grande de las últimas décadas, ya era suficiente motivo para rodar una película. Los cuatro de Liverpool como protagonistas y una excusa para repasar sus mayores éxitos hasta la fecha. Algo así como la película que hicieron después de la primera edición de Operación Triunfo, pero esta está considerada uno de los mejores documentos musicales del pasado siglo.



Granujas a Todo Ritmo (John Landis, 1980): Si hubieran respetado el título original Blues Brothers, no habría pasado nada... Esta cinta del genial John Landis no tiene pretensiones de influir en la personalidad de nadie, marcarte alternativas, o plantearte interrogantes. Su único fin es hacerte pasar un buen rato escuchando puñados de buena música soul, blues y rock. Su metraje se convierte en una sucesión de cameos de músicos ilustres de los 80, igual que una peli de Torrente  lo hace con el famoseo choni. Su look de traje y gafas oscuras inlfuyó en más de un programa de televisión con reporteros irreverentes. Les dejamos con Aretha Franklin...



Sid y Nancy (Alex Cox, 1986): El fenómeno punk también tuvo su presencia en esta época dorada de la música transgresora en el cine. La carrera de los Sex Pistols fue tan fulgurante que apenas grabaron un álbum, pero les dio para convertirse en ídolos de una juventud rebelde e inconformista (¿acaso hay otra?), y por el camino escribir historias de amor a base de sangre, drogas y alcohol. Conviene no perder la perspectiva y recordar que su historia no responde a ningún guión.  Tanto los avatares como el final del bajista Sid Vicious (Gary Oldman, ni más ni menos) y su novia Nancy fueron algo completamente real.



The Wall (Alan Parker, 1982): Pink Floyd llevaba lustros llevando sus álbumes más allá, así que el único paso que les quedaba era conquistar el cine (ya habían conquistado la luna). Diseñaron un doble vinilo que debía convertirse en la réplica de Tommy de los Who, o no ser nada. Roger Waters lo intentó, pero supo reconocer sabiamente que la cámara no le quería como a Roger Daltrey, y renunció a protagonizar su criatura en favor del irlandés Bob Geldof. El resultado que consiguió Alan Parker, mezclando unas geniales animaciones con los temas de la banda, convirtió cada fotograma del film en un icono para cualquiera que hubiera pasado la adolescencia en los 80, y cada canción del doble LP en un clásico del rock. El proceso creativo de Pink Floyd había llegado tan alto... que no le quedó otro camino que el declive.



¿Os imagináis a algún grupo actual haciendo una película de cine que trate sobre un disco suyo, y la gente acudiendo en masa a verla?¿Qué grupo, banda o solista podría hacerlo? Es difícil saberlo, si las bandas que más seguidores mueven siguen siendo las supervivientes de aquella época: Los AC/DC, los Springsteen, los Maiden, los U2... qué grande el documental Rattle & Hum. Si es que es un no parar.


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