"Zulú" ¿Es Sudáfrica un estado fallido?

Thriller intenso, que nos devuelve los fantasmas más sombríos de la historia reciente.

Si lo que buscáis en esta historia rodada en Sudáfrica, es atardeceres bucólicos a la sombra de una acacia, mientras los elefantes recortan su figura sobre el sol del atardecer, definitivamente esta no es vuestra película.

Se trata de una historia dura. Al más puro estilo los Ríos de Color Púrpura ( Mathieu Kassovitz, 2000) o Seven (David Fincher, 1995), a la que hay que añadir el plus de acritud, que supone el hecho de que se desarrolle en el país donde la segregación racial fue una herramienta clave para el gobierno.

Efectivamente, la dureza del film viene dada por dos motivos: el propio argumento que trata sobre la investigación a cargo de una grupo de policías, de unos crímenes extremadamente violentos, que no escatiman en imágenes explícitas. Y por otro lado, la propia Sudáfrica. Cualquier historia que se ambiente en aquél país, viene definida de forma dramática por su situación política/social reciente.


Sudáfrica se convierte en un actor más del reparto, siempre está sobrevolando todas las situaciones, y hace que cualquier detalle, o acción sin importancia si fuera en otro lugar, se llene de significado y carga dramática, cuando la ponemos en el contexto del país que sufrió el apartheid hasta anteayer. Igual que ocurrió con la magnífica Distrito 9 ( Neill Blomkamp, 2009). Se trataba esta última, de una interesante cinta de ciencia ficción, sobre una fallida invasión alienígena, en la cual, los extraterrestre, supuestamente más desarrollados no logran ejercer su supremacía sobre los terrícolas, y terminan confinados en recintos, a modo de guetos. El visionado de la película se convierte en imprescindible, cuando sabemos que la producción es sudafricana...


En Zulu, no tienen desperdicio las veladas de sobremesa en las que se habla de política, los comentarios que se escuchan a través de una emisora de radio "Las altas tasas de criminalidad en Sudáfrica, nos hacen preguntarnos si no nos hallamos ante otro estado africano fallido, con delirios de otra cosa..." El paseo por el estadio de fútbol nos trae los mejores recuerdos vividos allí en el Mundial... pero el Mundial terminó, se fueron Iniesta y Casillas, y allí quedaron los estadios y una situación social, que si hacemos caso a este film, no invita ni a la esperanza ni al sueño.


Se intuye de manera dramática, la brecha social, los dos mundos ajenos separados por un muro de cristal,  invisible,  pero más difícil de suprimir que otros que cayeron en el corazón de Europa. Los interminables suburbios de casas de chapa (y en Sudáfrica hace frío), contrastan con urbanizaciones de lujo habitadas por gente de piel clara y rasgos anglosajones.


El esfuerzo brutal que tuvo que realizar la sociedad de mayoría zulú, nos sigue sobrecogiendo. Heridas sin cerrar, preguntas sin respuestas, personajes víctimas de las mayores injusticias, puestos a trabajar codo con codo junto a sus verdugos. Ofensas perdonadas por la esperanza en el futuro libre de un país, pero a menudo, un perdón obligado, cuando o no se ha pedido, y en muchos casos no se ha reconocido ni siquiera la falta. En un momento del film, es una mujer blanca la que pone en tela de juicio la amnistía ante los responsables del apartheid, el capitán de policía de origen zulú le pregunta "qué es lo que quieres, ¿venganza?", la respuesta irrefutable, "quiero que se haga justicia". Todo ello explota como una olla a presión, en forma de violencia extrema contra fuerzas de seguridad, niños o mujeres.


En cuanto al reparto, dos nombres destacados. Orlando Bloom, interpretando a un inspector de policía con talento, pero con tanta debilidad por el alcohol, como por la vida disipada. Un papel en las antípodas del edulcorado elfo Legolas, o de su imagen de ídolo de adolescentes, y es una sorpresa, porque resulta del todo creíble. El actor británico se está reinventando, y eso que es complicado abandonar la Tierra Media. El otro peso pesado es Forest Whitaker, un actor de esos que cuando aparecen, roban el plano a cualquier compañero de reparto. Su trayectoria algo errática y desafortunada, no le ha puesto en el lugar que le corresponde, pero títulos como El Último Rey de Escocia (Kevin Macdonald, 2006) y por supuesto El Mayordomo (Lee Daniels, 2013), le convierten en un actor imprescindible. En esta ocasión, el protagonismo comienza compartido en la trama, pero poco a poco, cuando vamos conociendo a este enorme zulú y a la historia que arrastra, acaba adueñándose casi por completo del espectáculo. Solo el bueno de Orlando consigue darle la réplica.


Sin temor a dar ningún spoiler, estas películas suelen dejar cierta sensación de mal cuerpo, pero en este caso no tanto por lo escabroso de la historia como por la situación que se deja ver del país africano. Pareciera que se están despertado del sueño, nadie les dijo que iba a ser fácil, pero nadie en la comunidad internacional contemplaba la palabra fracaso. La sombra del estado fallido planea sobre Sudáfrica, ¿y por qué es esto tan terrible? Muy sencillo, porque ellos tenían a Mandela. Con él, el sueño del arcoíris era posible. Sudáfrica es el espejo en el que se miran todos los estados africanos al sur del Sáhara, y en su modelo tienen puestas sus esperanzas de futuro e integración. Si un país que ha tenido a Mandela no lo consigue, ¿cómo van a conseguirlo otros? ¿podemos permitirnos que falle Sudáfrica?



Publicado por Jon Leceta.
Ficha de la película:

Título original: Zulu
Año: 2013
Duración: 110 min.
País: Francia
Director: Jérôme Salle
Guión: Julien Rappeneau, Jérôme Salle (Libro: Caryl Ferey)
Música: Alexandre Desplat
Fotografía: Denis Rouden
Reparto: Orlando Bloom, Forest Whitaker, Tanya van Graan, Natasha Loring, Sven Ruygrok, Adrian Galley, Conrad Kemp, Roxanne Prentice, Tinarie van Wyk Loots, Dean Slater, Kelsey Egan, Richard Lothian
Productora: Eskwad / Pathé
Género: Thriller. Drama | Policíaco. Crimen. África. Racismo
Sinopsis: En una Sudáfrica todavía atormentada por el apartheid, una pareja de policías persigue al asesino de una joven adolescente. Desde los townships de Ciudad del Cabo hasta las lujosas residencias a orillas del mar, esta investigación transformará la vida de los dos hombres y les obligará a enfrentarse a sus propios demonios internos (FILMAFFINITY).