18 de diciembre de 2016

Golpe de Estado. Cine non stop.

Golpe de Estado es una muestra de un nuevo tipo de cine, un cine non stop que sería impensable sin los últimos equipos digitales. Han abierto caminos y posibilidades donde antes solo había limitaciones, pero a veces hay puertas que arrojan más sombras que luces.

Se trata de un género en el que es más importante el cuándo que el cómo, y en que no importa en absoluto el porqué.

Fue una primera muestra la original y gamberra Crank, Veneno en la Sangre ( Mark Neveldine, 2006), y a ratos la angustiosa Guerra Mundial Z (Marc Foster, 2013). Es un cine que se apodera de nosotros por saturación. Una forma de narración que bebe directamente de los videojuegos en primera persona. Lo que en un principio parece una escena de presentación frenética y espectacular, no es la es tal. Esperamos inutilmente a que se relaje el ritmo, pero esto no ocurrirá nunca, la avalancha, la huída hacia adelante terminará con los títulos de crédito. ¿Es esto un avance?¿Se han puesto los medio técnicos al servicio de la narración audiovisual o ha sido a la inversa?
Con este trepidante thriller os contamos algunas claves de este "cine a la carrera".



Cuando vemos la cara simpaticona de Owen Wilson, esperamos a que empiece a bromear de un momento a otro. El chico no es Marlon Brando pero tiene vis cómica, y las sensaciones que nos provoca van desde la risa hasta la compasión sin ninguna parada intermedia.

 Así que cuando vemos Golpe de Estado, la situación nos pilla tan de sorpresa como al pobre Owen. Estamos esperando a que llegue la parte graciosa, pero la situación se torna dramaticamente violenta en unos segundos. Seguimos esperando el alivio gracioso de la coyuntura, pero en lugar de eso comienzan a morir inocentes de la manera más cruel y ya es demasiado tarde para entender que nos estamos ante una comedia.

 Owen Wilson intenta entender lo que está ocurriendo pero no tiene tiempo, acaba de estrenar su cargo de empleado de multinacional en algún país del Pacífico, acaba de conocer a Pierce Brosnan, y de pronto se encuentra en medio de una revuelta genocida, corriendo con su familia para salvar la vida. El problema es que nosotros tampoco entendemos nada, es como una película de un apocalipsis zombie. El virus llega por que sí, qué más da, lo que importa es tener una excusas para que aparezcan muertos vivientes y nos den miedo.

 Aquí también hay zombies, son los habitantes de aquel estado, a los que nunca vemos la cara, se comportan como una horda sedienta de sangre de turistas occidentales. Buscan con la despiadada efectividad de los muertos vivientes hasta el último hombre, mujer o niño, con el único propósito de matarlo. Y como los zombies, no tiene ni motivación, ni empatía ni humanidad. Porque en medio de semejante alarde técnico que nos deja sin aliento, entre todo este ritmo apabullante que no nos concede un respiro, al director y a los guionistas se les ha olvidado dar siquiera una explicación racional a semejante orgía de violencia.

Hubiera bastado decir que un virus infectó el cerebro de los lugareños y los convirtió en psicópatas homicidas, pero ni eso. Son monstruos, quieren matarnos, y hay que correr. Coger a tus hijos en brazos y escapar de la muerte. Cada situación superada solamente precede a otra de violecia superior, cambia el escenario pero la tensión no se rebaja ni un minuto. Es un ejercicio agotador, el esquema clásico del planteamiento-nudo-desenlace queda sustituido aquí por un pies-para-qué-os-quiero que dura 100 minutos.

¿Dónde están las preguntas? Personalmente desconfío de cualquiera que venda su historia y al mismo tiempo no me de la oportunidad de pensar en lo que estoy viendo. Es como un trilero que esconde su propósito a base de marear el vaso delante de tus narices. Tiene uno la sensación de que en medio de tanta cosa sin asimilar, le habrán colado vaya usted a saber cuántos prejuicios, a base de anularle a uno la capacidad de crítica.

Muy apañado el montaje, muy efectivos todos los resortes emocionales que se tocan, pero es como comprar una botella de un gran reserva, ponerse un embudo en la boca y tener que beberla de un trago si no quieres ahogarte... No sé cuál es la moraleja de esta película, si es que la tiene, o si su único propósito es causar crisis de hipertensión. Solo sé que al día siguiente, cada vez que pasaba cerca de una agencia de viajes, notaba un irreprimible impulso de cambiar de acera.



Ficha de la película:
Título original: No Escape
Año: 2015
Duración: 101 min.
País: Estados Unidos
Director: John Erick Dowdle
Guión: Drew Dowdle, John Erick Dowdle
Música: Marco Beltrami, Buck Sanders
Fotografía: Dana Gonzales, Léo Hinstin
Reparto: Owen Wilson, Lake Bell, Pierce Brosnan, Sterling Jerins, Spencer Garrett, Claire Geare, Byron Gibson, Russell Geoffrey Banks, Jim Lau, Sahajak Boonthanakit, Karen Gemma Dodgson, Bonnie Zellerbach
Productora: Coproducción EEUU-Tailandia; Bold Films / Brothers Dowdle Productions / Living Films
Género: Thriller. Acción
Sinopsis
Una familia estadounidense, recién llegada a un país del Sudeste Asiático por motivos laborales, se encuentra atrapada en medio de un violento golpe de Estado. Desesperadamente intentarán escapar de un ambiente en el que los extranjeros, como ellos, son inmediatamente ejecutados. (FILMAFFINITY)

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