3 de diciembre de 2016

Peter Jackson. Mi vida antes de la Tierra Media

Se había convertido en un clásico de las navidades. Peter Jackson siempre regresaba a las salas de cine por estas fechas con alguna superproducción.

Desde que desembarcó con su enmarañada barba en la Tierra Media y subió al Olimpo (o a Valinor si lo prefieren), cada año una bomba de celuloide se dejaba caer por las taquillas, en forma de trilogía, de simio gigantesco o de detective adolescente.

 Pero esa es solo la última etapa del viaje. Cuando Jackson regresa de su accidentado camino de aprendizaje con las alforjas llenas de oro, a perderse en algún agujero hobbit a contar sus mondas, o administrar sus legiones de fans.
Mucho antes, este neozelandés se había hecho un hueco en el cine de culto con propuestas arriesgadas y transgresoras. De hecho, hacer películas de fantasía épica no era algo comercial hasta que lo inventó y lo hizo posible él.

Ya que este año Peter Jackson debe estar tan enfrascado preparando su nueva versión de Tintín que nos ha dejado sin dosis de su megalómano cine, vamos a recordar y quizás para algunos descubrir, las películas que hicieron de este joven de las antípodas  un cineasta capaz de reclamar el trono de Hollywood.



Mal Gusto (Bad Taste, 1987): Unos extraterrestres aterrizan en un pequeño pueblo de Nueva Zalanda. Sus intenciones no son nada amistosas, basicamente se dedican a suplantar a sus habitantes para convertirlos en comida rápida. La película la rodó un joven Peter Jackson tomándosela como una gran broma. Es todo una grande, viscosa y sangrienta comedia. Los efectos digitales eran ciencia ficción en aquella época, y los artesanales si los había mejores, Jackson no podía pagárselos. Aún así, es una fantástica gamberrada rodada con creatividad y entusiasmo a partes iguales. No apta para estómagos sensibles.


El Delirante Mundo de los Feebles (1989): Posiblemente la menos conocida de las películas de Jackson. Una especie de show de lo teleñecos, pero en el que éstos hubiesen sido poseídos por el espíritu de Chuky, el muñeco diabólico. Rodada con marionetas y gente disfrazada, su propuesta no es fácil ni amable, pero definitivamente al director de entonces le importaba un bledo llegar al gran público.



Braindead: tu madre se ha comido a mi perro (1992): Si elaboramos una lista de las 10 películas gore más influyentes de todos los tiempos, este título no puede faltar. Es una opinión unánime que es una de las joyas del género. Peter Jackson comenzaba a crecer, a ser más grande en pretensiones (aunque a años luz de sus mastodónticas visiones actuales), pero aún no ha perdido ni un ápice de humor, de frescura, y sigue sin tomarse a si mismo demasiado en serio.

El resultado es simplemente espectacular, cuentan las malas lenguas que su escena final, en la que el protagonista se dedica a pasar por el cortacésped a toda la horda de zombis que invade sus casa, es en la que más sangre (falsa) se emplea en toda la historia del cine.

Y otro motivo por el que es imprescindible verla: nuestra Diana Peñalver convertida en musa del cine gore, dándolo todo y aguantando estoicamente toneladas de casquería.




Criaturas Celestiales (1994): Y Peter Jackson se hizo mayor. Abandonó la comedia, dejó a un lado las vísceras y las cabezas cercenadas, y cambió por completo de registro filmando la que para muchos es, su mejor trabajo. Sorprendió a propios y extraños no solo por el salto cualitativo en la complejidad de la historia, sino por el acierto con que consiguió recrear esta perturbadora historia basada en hechos reales, en la que dos adolescentes emprenden un oscuro viaje que las llevará a convertirse en asesinas en serie.

De paso descubrió al mundo a una jovencísima Kate Winslet, en uno de sus papeles más inolvidables. Fue merecedora del León de Plata del Festival de Venecia y obtuvo tres nominaciones a los oscar.


Agárrame esos fantasmas (1996): Última película de Peter Jackson antes de abandonar el mundo de los "mortales". La historia no es muy original, un joven descubre que puede comunicarse con los seres del otro lado y de paso pararle los pies a un espíritu demoníaco (me viene a la cabeza Odd Thomas, del añorado Anton Yelchin). Es interesante como punto de partida, como laboratorio en el que Peter Jackson comienza a experimentar con las posibilidades técnicas que le ofrece disponer de un presupuesto considerable, y descubrir nuevas formas de construir buenos efectos especiales más allá de las toneladas de látex y el sirope rojo. Además,  Michael J. Fox nos deja uno de sus papeles memorables.



A partir de aquí, el reto de llevar al cine El Señor de los Anillos, se antojaba algo demasiado grande para él. No era ni Lucas, ni Cameron, ni Spielberg. Hoy rueda a medias con Steven Spielberg las aventuras de Tintín, y en Nueva Zelanda, su ciudad del cine particular tiene un cheque en blanco. El primer ministro neozelandés cambió las leyes laborales del país cuando Jackson amenazó con llevarse el rodaje de El Hobitt a Albania. Con tanto el poder en sus manos, solo hay que esperar que se comporte como un buen hobbit y no deje que se le suba demasiado a la cabeza.  

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