11 de febrero de 2017

Breve introducción al Anime (1)

Fotograma de La Princesa Mononoke (Hayao Miyazaki, 1988)
 (El cine) 1ª parte

No pretendo hacer aquí un exhaustivo repaso a la fascinante historia del cine de animación japonés (anime) sino tan solo exponer de manera sencilla y didáctica cuales son los principales directores y películas más representativas, no desde una perspectiva estrictamente cronológica sino desde su difusión y repercusión en el mundo occidental, especialmente en España. Será por tanto una guía introductoria para quien quiera adentrarse en un cine que por desgracia no tiene toda la repercusión que se merece a pesar de la excelente calidad que atesora.

Si bien en los años setenta ya encontramos títulos estimables, será en la década posterior cuando el anime entre en una fase de madurez creativa y artística que le permitirá expandirse comercialmente a otros países y consolidarse como un género propio y representativo, viviendo a partir de entonces una edad de oro ininterrumpida (sustentada y apoyada por el no menos interesante mundo de las series de anime y los cómics manga) gracias también a una serie de causas histórico artísticas que han provocado que en Japón la ilustración no se vea como un arte menor o infantil, sino como una fórmula expresiva más equiparable a cualquier otra.



Se puede considerar que el genial artista que mostró al mundo entero que en el anime se podían crear películas a la altura de las más grades obras maestras fue Katsuhiro Otomo con “Akira” (1988) basada en un manga de su propia creación.

Akira (Katsuhiro Otomo, 1988)

Con una cuidada estética cyberpunk mostró una calidad gráfica en el cine de animación japonés sin precedentes y gracias a su éxito internacional de crítica y público abrió las puertas a posteriores obras de otros artistas. Juzgada desde el tiempo se le puede criticar su errático final (todavía no había finalizado el manga cuando creo la película) y una compleja historia un tanto difícil de comprender en su totalidad si no se ha leído antes dicho manga, pero sus virtudes compensan con mucho sus a veces desquiciantes particularidades, y por su calidad, influencia y repercusión es ya obra de culto para todo amante del buen cine. Sus posteriores obras “Memories” (1995) codirigida por Koji Morimoto y Tensai Okamura, y la impresionante “Steamboy” (2004) mantienen e incluso llevan a cotas más altas la calidad de su primer filme, aunque curiosamente han tenido una repercusión menor.


Yoshiaki Kawajiri ya había dado muestras de su talento en una serie de películas menores pero muy disfrutables que combinaban terror, acción y cierto toque de erotismo, siendo entre ellas la más destacable “Wicked City” (1987), pero en 1993 dio un gran salto de calidad creando la que sería su obra maestra: “Ninja Scroll”, al combinar de manera magistral los elementos lúdicos que definían sus anteriores creaciones con una historia más adulta y compleja ambientada en el Japón feudal. Sin tener las pretensiones intelectuales de la obra de Otomo, “Ninja Scroll” se hace por momentos más disfrutable y aunque su animación no está al mismo nivel de “Akira” se puede considerar notable y ha soportado excelentemente el paso del tiempo. Kawajiri realizaría después la interesante “Vampire Hunter D: bloddlust” y fue además uno de los directores que participaron en el proyecto “Animatrix”.

Fotograma de Ninja Scroll (Yoshiaki Kawajiri, 1993)

Dos años más tarde, en 1995, Mamoru Oshii deslumbró al mundo entero con su cuarta película “Ghost in the shell”, basada en un manga de Masamune Shirow. Esta genial obra llevó más allá las especulaciones filosóficas sobre la identidad del alma y la conciencia en un mundo digital donde toda la humanidad están conectados permanentemente a la red (¿les suena?), con claras referencias tanto estéticas como filosóficas a “Blade Runner” y “2001”.

Ghost in the Shell (Mamoru Oshii, 1995)

Como en la mencionada “Akira” debemos acostumbrarnos a las peculiaridades en el arte de narrar del cine japonés, pues aquí no hay presentación de personajes ni explicaciones claras sobre lo que estamos viendo, por lo que si eres neófito en el complejo mundo de “Ghost in the Shell” (hay varios mangas, películas y series de Tv) recomiendo antes del primer visionado leer el cómic original o al menos bucear un poco en Internet e informarse sobre sus personajes e historia para así disfrutar plenamente tanto de esta película como de su secuela “Ghost in the shell 2: Innocence”, estrenada en 2004 y quizá una de las películas más hermosas a nivel de creación artística que jamás haya visto (solo la famosa secuencia del carnaval de unos pocos minutos  de duración llevó un año de trabajo).




Destacaría también la poética y extravagante  “El huevo del ángel” (1985), así como las dos sorprendentes películas que realizó dentro del género mecha (robots gigantes) “Patlabor 1” (1989) y “Patlabor 2” (1993), donde predominan las complejas tramas políticas y militares  sobre las secuencias de acción.

En 1997 llegaría la obra que consolidaría el anime en nuestro país, “La princesa Mononoke”, y que daría a conocer al que se puede considerar uno de los artistas más geniales no solo del mundo de la animación sino de la historia del cine, Hayao Miyazaki. Esta película, en su momento la más taquillera de la historia de Japón, reúne todas las características fundamentales que definen su extensa obra: preciosista animación de corte clásico con gran énfasis en los detalles, joven protagonista femenina, debate entre naturaleza y ecologismo, e inclusión del folclore mitológico-religioso sintoísta, fusionando de manera natural fantasía y realidad en argumentos casi siempre sencillos pero repletos de sabiduría e imaginación.

Fotograma de La Princesa Mononoke (Hayao Miyazaki, 1997)

Necesitaría un artículo entero para hablar de su deslumbrante filmografía, pero destacaría de manera breve su segunda película como director “Nausicaä del Valle del Viento” (1984), donde ya encontramos todas las claves de su futura obra, “El castillo en el cielo” (1986), ligeramente inspirada en “Los viajes de Gulliver” de Jonathan Swift, “Mi vecino Totoro” (1988), una de las películas infantiles más influyentes de los últimos tiempos, así como las multipremiadas internacionalmente “El viaje de Chihiro” (2001) y “El castillo ambulante” (2004).

No puedo dejar de mencionar a Isao Takahata, cofundador junto a Miyazaki de los estudios Ghibli y director y creador de algunas de las series de animación más populares de los años setenta a nivel internacional: “Heidi”, “Marco” y “Ana de las Tejas Verdes”; dirigió además ocho filmes de animación entre los que destaca sin duda “La tumba de las luciérnagas” (1988) basada en la novela del mismo título de Akiyuki Nosaka sobre las desventuras de dos huérfanos intentado sobrevivir en Japón durante la segunda guerra mundial. Esta quizá sea la gran obra maestra del anime japonés y es sin duda película de obligado visionado no solo por su  impecable factura técnica y artística y su desgarrador dramatismo, sino muy especialmente por su contundente mensaje antibelicista en estos tiempos en que los imperios occidentales supuestos defensores de la libertad y democracia crean guerras artificiales e invaden países sin pensar nunca en las terribles repercusiones que estos dramas conllevan a nivel humano.

 La Tumba de las Luciérnagas (Isao Takahata, 1988)


Otra películas destacables de Takahata son la emotiva “Recuerdos del ayer” (1991) y muy especialmente “El cuento de la princesa Kaguya” (2013), una obra de arte en sí misma con un dibujo artesanal hecho a mano que sirvió a su autor para poner un brillante punto y final a su carrera antes de retirarse.

Fotograma de El Cuento de la Princesa Kaguya (I. Takahata, 2013)
Por Antonio Amaro.

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