29 de julio de 2017

Billy Lynn. El delicado equilibrio entre la crítica (social) y la propaganda (militar).

Billy Lynn, dirigida por Ang Lee, pasará a la historia por ser la primera película rodada en 120 fotogramas por segundo. Hecho totalmente anecdótico pues en la actualidad solo hay cuatro salas en el mundo capaces de reproducir en dicho formato y están todas en los Estados Unidos de América, país que nos queda un poco a desmano a los que escribimos y leemos habitualmente esta Web.

Tendremos entonces que conformarnos  con la versión estándar y juzgarla, no por la técnica  empleada, sino por el contenido propio. ¿Y cual es el veredicto? Otra buena muestra del buen pulso del director taiwanés para filmar historias de personajes con problemas para adaptarse a las circunstancias que le ha tocado vivir, y ejemplo soberbio de un inteligente guión (basado en la novela de Ben Fountain) capaz de conjugar la más ácida crítica social y política con un elogio sin fisuras a aquellos soldados que paradójicamente conforman el estamento militar que se critica.

Uno podría pensar que aunque las guerras las crean dirigentes ineptos y sin escrúpulos como Sadam Hussein y George Bush Jr., las ejecutan soldados que de manera voluntaria se han alistado en las filas para, ciegamente, obedecer las ordenes de sus superiores y matar a quienes les digan que deben matar. Si nadie se alistase, no voy a caer en el tópico ramplón de decir que ya no habría más guerras, pero desde luego estas serían muy diferentes y los dirigentes serían más cautos a la hora de invadir países porque sí, porque yo lo valgo.



Esta película, pues, no se atreve a tal descaro, a criticar tanto a quien crea las guerras como a quien aprieta el gatillo, pero sí muestra algo de no menos importancia: el porqué tantos jóvenes sin un futuro claro ni perspectiva económica halagüeña se ven, en cierto modo, casi obligados a enrolarse en el ejército como modo (relativamente sencillo, mientras no haya guerras) de ganarse la vida, de pagarse los gastos médicos (recuerden que los USA son el mejor país democrático del mundo mientras no te enfermes, claro), e incluso de escaparse del brazo de la ley cuando se han cometido ciertas faltas menores (no son tontos los dirigentes de dicho país).

Una vez picado el anzuelo los imberbes soldaditos se verán de repente trasladados a un desconocido país, llamémosle Irak, donde están obligados a combatir por muy dudosas razones (las ya archiconocidas y todavía etéreas armas de destrucción masivas) y en el que no pocos perderán la vida y casi todos la inocencia. Los que sobrevivan y además realicen algún acto heroico, que por cierto es lo que cuenta esta película, recibirán su particular homenaje y sus cinco minutos de fama, con invitación a la Superbowl incluida, participación en el espectáculo de las Destiny’s Child, y elogios y palmaditas en el hombro de (casi) todos los que pasaban por allí; pero por supuesto nada de gratificaciones económicas ni película de Hollywood contando la hazaña cometida, solo las gracias por el servicio prestado, un bochornoso intento del cacique local (grandioso Steve Martin) de aprovecharse de la breve fama de los soldados protagonistas y cuando termina el día, vuelta a ese alejado país para seguir combatiendo contra los “terroristas” enemigos de la democracia, eso sí, con viaje en limusina incluido.

Entremedias tenemos los recuerdos del melancólico Billy Lynn en su azarosa vida militar (con un Vin Diesel haciendo de extravagante e inverosímil gurú espiritual-militar que reparte “te quieros” a todo el mundo antes de cada matanza de soldados iraquíes), sus problemas familiares con una hermana pacifista interpretada por Kristen Stewart haciendo de Kristen Stewart (pero qué bien que lo hace) y, cómo no, el consabido romance con una espectacular y muy americana Cheerleader, pues ya saben que una película de Hollywood sin romance (aunque sea un tanto forzado y encajado a golpes de martillo) no es una película sino un documental. Por supuesto no se puede dejar de mencionar el sorprendente trabajo que hace el joven actor Joe Alwyn, y más cuando esta es su primera aparición en la gran pantalla, cargando con dignidad sobre sus hombros el peso de la mayor parte de la trama.

Billy Lynn es lo más parecido que puede hacer el cine norteamericano al cine de denuncia de Kean Loach, excederse de esto sería rápidamente tachado de antipatriótico y comunista. Esto es lo que hay, o lo tomas  o lo dejas, y debo reconocer que aunque hay momentos que me producen cierta incomodidad, finalmente lo tomo con gusto pues sé que el sistema no permite más valentías, la película profundiza lo suficiente como para hacernos reflexionar, y la ironía y cierta exageración, bien empleadas como es el caso, suelen ser mas eficaces que la crítica directa. Y ya vista en 120 fotogramas debe ser la leche, pero me temo que para que eso se generalice aun debemos esperar. El buen cine, de todas maneras, radica como siempre en las historias, y qué mejor historia que aquella que narra las consecuencias morales y circunstanciales de una guerra, al fin y al cabo el mayor de los crímenes y la mayor de las estupideces que pueda cometer el ser humano.

Por Antonio Amaro.


Ficha de la película:

Título original: Billy Lynn’s Long Halftime Walk
Año: 2016
Duración: 110 min.
País: Estados Unidos Estados Unidos
Director: Ang Lee
Guion: Simon Beaufoy, Jean-Christophe Castelli (Novela: Ben Fountain)
Música: Jeff Danna, Mychael Danna
Fotografía: John Toll
Reparto: Joe Alwyn,  Steve Martin,  Kristen Stewart,  Garrett Hedlund,  Vin Diesel,  Chris Tucker, Beau Knapp,  Ben Platt,  Deirdre Lovejoy,  Bo Mitchell,  Bruce McKinnon, Randy Gonzalez,  Christopher Matthew Cook,  Ricky Muse,  Ric Reitz
Productora: Coproducción USA-GB-China; Sony Pictures / TriStar Pictures / Bona Film Group / Dune Films / Film4 / Ink Factory / The Marc Platt Productions / Studio 8
Género: Bélico. Drama | Guerra de Iraq. Ejército. 3-D
Sinopsis:
El joven soldado de 19 años Billy Lynn y su patrulla sobreviven a una batalla en Iraq en la que son grabados por las cámaras, por lo que son tratados como héroes cuando regresan a casa para una gira promocional antes de volver a la guerra... Adaptación de la novela de Ben Fountain, con la particularidad de ser el primer film de la historia rodado a 120 fotogramas por segundo. (FILMAFFINITY

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