29 de octubre de 2017

Ni Jueza, Ni Sumisa (So Help me God). Cuando la realidad supera a la ficción.

Deberían haber visto las caras de incredulidad, algunas de espanto, cuando se encendieron las luces del cine Kursaal en San Sebastián y finalizó la proyección de uno de los más sorprendentes y desconcertantes documentales que he visto en mi vida.

Y es que la peculiaridad de este filme no radica en sus formas clásicas aunque impecables de narrar, ni en su apartado visual, más que correcto para ser un documental grabado casi como si de una cámara oculta se tratase, sino en la iconoclasta figura de su principal protagonista, la jueza belga Anne Gruwez.



Es difícil explicar en una breve crítica la rareza, grandiosidad y complejidad de este apasionante personaje que sin duda a unos cuantos enervará y otros muchos admirarán. Pero para que se hagan una idea aproximada les puedo asegurar que si cualquier juez, político o funcionario hiciese algo similar en España al día siguiente de emitirse el documental perdería su puesto de trabajo y sería crucificado inmisericordemente por los nuevos apóstoles de la dictadura de lo políticamente correcto.

Ovación del público tras la proyección de Ni Jueza, Ni Sumisa.
No hay tema, tabú o inconveniencia sobre lo que este inclasificable personaje no se atreva a bromear o emitir una opinión que a los mojigatos de hoy en día les parecería pura blasfemia: maltrato, asesinatos, prostitución, sadomasoquismo, prebendas del poder y largo etc., no pocas veces,  es cierto, rayando el mal gusto, pero diciendo sin cortapisas aquellas verdades que uno a veces piensa y por motivos muy variables no siempre nos atrevemos a expresar. No digo que sea un modelo ideal de conducta, teniendo siempre en cuenta que en la vida hay momentos para ser más o menos educado y más o menos elocuente, pero si tengo que elegir entre una verdad incomoda y la mentira recubierta de artificiosa y edulcorada verosimilitud me quedaré siempre con la primera.


Lejos de las consideraciones morales que cada uno dependiendo de su carácter pueda sacar de sus comentarios, hay que reconocer que es un personaje fascinante y los directores Jean Libon e Yves Hinant han acertado de pleno al elegirla como protagonista de su documental.

Otro de los grandes logros de este trabajo es que no solo sirve para reflexionar sobre los limites del humor en estos tiempos en los que un simple twitter puede llevarte a la cárcel, además posee un gran componente sociológico pues retrata y expone de manera cruda y honesta tanto el complejo trabajo al que ha de enfrentarse los jueces en su quehacer diario, como los problemas de adaptación y criminalidad en las sociedades occidentales de un sector de la población inmigrante de primera y segunda generación.

La jueza belga Anne Gruwez
Hay que resaltar de nuevo el gran trabajo de los directores, que no solo han conseguido plasmar con gran veracidad la complicada vida profesional de una jueza, sino que lo han rodado con tal maestría de ejecución que uno duda en todo momento (en parte debido también al descacharrante comportamiento de Anne Gruwez) sobre si lo que se está viendo es una película con actores que simula un documental o simplemente la genuina e inimitable realidad filmada.
Obra imprescindible, única y genial.

Por Antonio Amaro.


Ficha de la película:

Título original: Ni juge, ni soumise
Año: 2017
Duración: 99 min.
País: Bélgica
Director: Jean Libon,  Yves Hinant
Guion: Jean Libon, Yves Hinant
Fotografía: Didier Hill-Derive
Reparto: Documentary,  Anne Gruwez,  David Derumier,  Serge Graide,  Marc Slavic, Eddy Wilmet
Productora: Coproducción Bélgica-Francia;
Género: Drama. Documental
Sinopsis:
La extraordinaria y nada convencional jueza Anne Gruwez nos lleva a la trastienda de investigaciones criminales reales. Durante tres años el equipo satírico que está detrás de la serie televisiva de culto Strip-Tease capturó lo que nadie hasta entonces se había atrevido a filmar. Sin concesiones y de un modo políticamente incorrecto. No daréis crédito a vuestros ojos. No es cine: ¡es peor! (FILMAFFINITY)

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