1 de octubre de 2017

Nuestro Festival de San Sebastián. Primeras impresiones.



Echa el cierre la 65 Edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián. Acaba de conocerse el palmarés y, por extraño que parezca, esta vez no va acompañado de demasiada polémica. Nada como poner a John Malkovich presidente del jurado para que su decisión tenga peso del ley. Eso, y no restarle mérito a James Franco y "The Disaster Artist", que ya traía buenas críticas del Festival de Toronto.

Pero nuestro festival terminó hace unos días. Si algo nos queda claro (porque no puede calificarse de error participar de una experiencia como esta), es que el Zinemaldia merece y obliga a disfrutarse de cabo a rabo. Los nuestros fueron tres días, y aún estamos digiriendo, ordenando, e intentando dar una forma presentable a tanta información cinéfila. Una actividad festivalera que ya de por sí es frenética, se convierte en febril si tu agenda se ve recortada a la mitad por multitud de razones ajenas a nosotros (mundanas y comunes), y por desgracia también ajenas al cine. No volverá a ocurrir.



Mientras ojeamos los premiados del festival, desde la favorecida situación que da el haber conocido a buena parte de ellos dentro y fuera de la pantalla, comentamos también nuestras impresiones más inmediatas. La información acumulada nos dará para varias semanas de puntuales críticas.

Lo primero que te llama la atención, es que por mucho que vayas mentalizado a un festival como el Zinemaldia, parece que eres un coche al que le falta una marcha. A no ser que seas Carlos Pumares (creo que es el único por el que esperan los proyectores), necesitas un periodo de adaptación. Aunque conozcas los recorridos y hayas calculado cuánto te lleva ir desde la sala de prensa del Kursaal al espacio Tabakalera, e ir desde allí al Teatro Principal, siempre ocurrirá algo inesperado por el camino. Notas de prensa de última hora, proyecciones que en el último momento descubres que quieres ir, o cruzarse con Maria León y que se detenga contigo. El caso es que cuando llegas al photocall siempre hay un montón de fotógrafos ya esperando (¿es que se quedan siempre ahí?), y cuando llegas al pase de prensa la cola da la vuelta a la manzana.


 Hay dos soluciones evidentes: salir 10 minutos antes a todas partes (lo que suele resultar del todo imposible), o apretar el paso como si estuvieras disputando la carrera de los 20 km marcha, y esperar que la acreditación de prensa bien visible disculpe las faltas de cortesía y educación hacia los demás viandantes de las concurridas calles de San Sebastián.

Una vez que entras en esa maquinaria bien engrasada que es el Zinemaldia (su puntualidad es sobresaliente, si llegas tarde estás muerto) y formas parte de su coreografía sin tener que detenerte a leer dos veces todo y dudar (si dudas, solo oirás los timbres que te indican que te quedas fuera), comienzas a disfrutar, aprovechar, y a llenar tu mochila con experiencias para poder comentar todo un año.

Conocimos por los pelos a una chica de mirada angelical (Alicia Vikander) que va a enfundarse en breve las pistolas de Lara Croft.

Alicia Vikander y Win Wenders
Vimos películas sobre un gigante vasco (Handia), que esconden algunas escenas de guerra rodadas con una calidad solo vista hasta ahora en cintas norteamericanas (enhorabuena por el Premio Especial del Jurado). Fuimos tetigos de cómo Antonio Banderas recogía el premio Nacional de Cinematografía, mientras a escasos metros Angela Molina, Marisa Paredes y Carlos Saura se fundían en un abrazo cómplice y compartían confidencias que son historia de nuestro cine.

Antonio Banderas
Disfrutamos del buen anime japonés (Fireworks), con la oportunidad impagable de entrevistar a su director durante media hora. Conocimos a un psicópata obsesionado con ser escritor (El Autor), que bien merecía no haberse ido de vacío. Recordamos con un nudo en el estómago el día a día de la increíble jueza belga Anne Gruwez (Ni Juge, ni soumise / So Help me God), y del shock que nos supuso reconocer que las escenas retratadas en la película no son ficción, sino cruda realidad. Barbara Lennie nos puso ante un dilema moral muy actual (Una Especie de Familia), con un merecido premio al mejor guión.

Protagonistas, El Autor

La jueza belga Anne Gruwez


Barbara Lennie, Una Especie de Familia.
 Conocimos Arnold schwarzenegger y a Jean Michel Cousteau, que hablaron de lo que les dio la gana y convirtieron la rueda de prensa en un coloquio. Resultó que lo más interesante era su documental sobre los fondos marinos, técnicamente excepcional.

Rueda de prensa, Wonders of the Sea.
Y tuvimos algún reencuentro impagable con un reportero que comenzaba hace unos años, y que hoy dirige una de las web de referencia del cine en la web (Apetece Cine), el cual nos confesó que disfrutaba más del Zinemaldia incluso que de un festival como Cannes, por la cantidad de experiencias a las que puedes llegar, si sabes moverte con la soltura de un bonito en el Cantábrico.

Por cosas como estas, por la grata sorpresa de ver proyectadas series de televisión o producciones de la plataforma Netflix, entendemos que el Zinemaldia no ha cerrado los ojos a la nueva situación del universo audiovisual, que podría condenar a otros festivales no dispuestos a adaptarse ella a la desconexión absoluta de buena parte del público.

 Y especialmente por tratar y darnos a los medios digitales las mismas oportunidades y recursos que a otros medios de regio abolengo, demostrando así una sensibilidad que no hemos encontrado en eventos de mucha menor categoría. Lo agradecemos sinceramente a la Organización. Nos tendréis que aguantar allí el año que viene.

 IKUSI ARTE DONOSTIA! 

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