Húmedos recuerdos al compás de LA CANCIÓN DEL LAGO SWAY.


Con el nombre de evocadora sonoridad “The song of the Sway lake” Ari Gold presenta su segundo largometraje, tras una temporada recogiendo premios en festivales por todo el mundo. Por fin un título que no me decepciona en su versión para España, y es que no ha sido traducido, lo mismo que la película no ha sido doblada y podremos disfrutarla, como merece, en versión original subtitulada. Este principio de fidelidad a la obra original es más que justificado en el caso de una película que, como ésta, es una obra de arte íntima y poética. Ya solo la aliteración sonora de su título nos introduce en esa atmósfera vacacional, de evasión y disfrute, a la que nos transporta cada plano de sus agradables 100 minutos de duración.

En “The song of the Sway lake” seguimos a dos jóvenes algo extraviados hasta la casa del lago, residencia vacacional de la familia de uno de ellos, a la búsqueda de un preciado vinilo con cuya venta esperan ganar una buena cantidad de dinero. La anciana propietaria de la mansión, Charlie, abuela de uno de los jóvenes, coincide con ellos en el propósito de hallar el estimable objeto de colección. Los tres, junto con la empleada doméstica, convivirán varios días en los que todos sus recuerdos y anhelos se entrecruzarán y retroalimentarán, mecidos por la serena paz de las aguas que lindan con la casa y las notas nostálgicas de los viejos discos que en otro día pertenecieron al padre del joven, recientemente desaparecido, engullido en el omnipresente lago.

Debemos dar las gracias a #ConUnPack, “distribuidora realmente independiente”, que nos trae de forma excepcional esta película, ausente en el resto de salas europeas. Estamos ante un ejemplar de buen cine indie norteamericano, estrenado primeramente en Madrid en el festival Rizoma, para luego exhibirse en diferentes salas del territorio nacional, antes de terminar en un futuro su circuito de comercialización en Sundance TV.


Su cuidada estética supone unas verdaderas vacaciones para nuestros ojos. Invita a que nos demos el lujo de adentrarnos en la oscuridad de la sala de cine y así viajar al pasado de la mano de Ari Gold y de su particular y meticulosa factura. Pero antes de explicar por qué su propuesta es tan excepcional, aclaremos cuáles son los principios del cine indie en general.

El cine indie es un derivado del cine independiente, que como sabemos reacciona ante la visión puramente lucrativa y comercial de los productos cinematográficos. Además, se caracteriza por su concepción más personal. Busca la ruptura total con todo lo establecido. No solo reclama la libertad creativa del autor, sino que ese autor tiene una voluntad expresa de plasmar una mirada única y experimental, aun a riesgo de que sea tan privada que nadie a parte de él la pueda entender. Es por ello que, en favor de su idea, es capaz de descuidar todos los elementos narrativos y reglas del lenguaje cinematográfico, a menudo para deleitarse en aspectos puramente estéticos, artísticos y conceptuales. Los canales de distribución del cine indie son muy limitados, restringiéndose a los festivales propios de cine independiente, salas de arte y ensayo y difusión online exclusiva.

“The song of the Sway lake” nos despista. Con su fachada de bucólica estampa vacacional, puede parecer una película tradicional en su temática y presentación. Sin embargo, el primer distintivo que la hace puramente independiente es que no sabes por dónde te lleva la historia. En segundo lugar, cabe destacar su trasfondo puramente intimista, reflexionando desde todos los puntos de vista sobre la dificultad de vivir en el presente. Otra característica que la aleja del esquema tradicional es la falta de un personaje principal, y a modo de coral, varios son los personajes que comparten con nosotros sus fantasías: Ollie (Rory Culkin) rememora a su difunto padre, otras veces idealiza a la chica del pelo morado que anda con otra pandilla de jóvenes de la zona; Nikolai (Robert Sheehan) sueña con ser el capitán que conquista a su reina, la elegante Charlie; y ésta (Mary Beth Peil) a su vez añora su amor de juventud con el joven capitán Sway por medio de recuerdos bañados en las aguas del lago.

En definitiva, “The song of the Sway lake” es una película romántica en su sentido más puro, exaltando la nostalgia del pasado a través de una detallada exhibición de artículos antiguos: muebles, electrodomésticos, lanchas y canoas, ropajes y accesorios, fotografías, cartas, recortes de periódicos, portadas de discos, revistas... Todo ello cubierto por una espesa capa de sensualidad melancólica, y sobrevolado por el espíritu del lago y la magnífica banda sonora, compuesta por Ethan Gold, el hermano de Ari Gold, recreando el estilo musical de los años 40 en América.

Belleza en las imágenes, en las melodías, en la interpretación, en los diálogos, en los simbolismos... Cine indie, cine de calidad, cine necesario en los tiempos que corren, y cine que adquiere su máximo valor si se ve en pantalla de cine.

Por Irene Arnanz.




Ficha de la película:

Título original: The Song of Sway Lake
Año:2017
Duración: 100 min.
País: Estados Unidos
Dirección: Ari Gold
Guion: Elizabeth Bull, Ari Gold
Música: Ethan Gold
Fotografía: Eric Lin
Reparto: Rory Culkin,  Robert Sheehan,  Isabelle McNally,  Mary Beth Peil,  Elizabeth Peña, Jack Falahee,  Brian Dennehy,  Anna Shields
Productora: Grack Films / Social Construct / Act Zero Films
Género: Drama | Cine independiente USA

SINOPSIS:
Tras la trágica muerte de su padre, el joven coleccionista de jazz Olli Sway (Rory Culkin) recluta a su único amigo, el joven sin rumbo ruso (Robert Sheenan), para ayudarle a robar la primera versión de un éxito vintage de la Segunda Guerra Mundial llamado Sway Lake, en la residencia de verano de su propia familia. Su plan se complica cuando su cómplice se enamora de la aristocrática abuela de Ollie, la glamurosa Charlie Sway (Mary Beth Peil), que ve reflejada en el joven ruso la gloria de su juventud.