THE VOID Vs. IT.CAPÍTULO 2. El complicado arte de asustar.


Se supone que crear una película de terror es, en teoría, relativamente sencillo (al fin y al cabo es el género estrella dentro del cine de las serie B), tan solo consiste en crear una situación angustiosa para los personajes de la trama y así, por un fenómeno psicológico de asociación y transferencia, trasladar dicha sensación a los espectadores. De esta manera podemos sentir en nuestras carnes la inyección de adrenalina resultante de sentir un miedo profundo siendo más o menos conscientes de que no vamos a sufrir ningún daño físico.

Es por eso que al margen de sus cualidades artísticas, variables según la obra a la que nos enfrentemos, son tan populares estas películas, porque en el fondo ver (o leer) una buena historia de terror es una droga maravillosa sin ningún tipo de efecto secundario contraproducente, salvo las pesadillas ocasionales que puedan producirnos a los más sugestionables. Eso sí, como toda droga genera adicción y cierto tipo de inmunidad, es decir, deseamos volver a sentir esa agobiante sensación de miedo confortable, pero necesitando nuevos estímulos y de mayor intensidad (o si lo prefieren, una mayor dosis).

Y es por ello que esta teórica sencillez se queda simplemente en eso, en pura teoría, pues el problema actual de los escritores y directores que se atreven con este género es doble, por un lado necesitan de manera continua crear algo nuevo o ligeramente diferente a lo anterior (de ahí la cantidad de subgeneros que hay dentro del cine de terror), y por otro lado se ven en la obligación de incrementar en cada entrega los niveles de angustia, realismo o sadismo para inquietar a unos espectadores que ya están acostumbrados a casi todo.

Sin embargo todavía hay quien, bien por nostalgia bien por comodidad y falta de imaginación, decide apostar por lo sencillo, recurrir a viejos tópicos, entremezclarlos con un mínimo de dignidad, darles un pátina de modernidad y contentarse con mostrar una historia que tan solo entretenga e inquiete a partes iguales.

En esta última semana he visto dos películas que con presupuestos antagónicos perseveran en la loable intención de meternos miedo en el cuerpo sin pretender innovar lo más mínimo, pero con resultados dispares y contrarios a los que la lógica económica debería sugerir.
“The Void” es una modesta producción canadiense del 2016 escrita y dirigida por Jeremy Gillespie y Steven Kostanski que apenas costó 82.000 dólares, de claras reminiscencias ochenteras y efectos especiales de la viaje escuela que me ha sorprendido gratamente.

Cierto que con el argumento no se han esforzado demasiado, bebe sin pudor tanto de los films de Carpenter, especialmente “El principe de las tinieblas” y “En la boca del miedo” (ambos a su vez de inspiración Lovecraftiana) como de los videojuegos de “Silent Hill”, pero es interesante y efectivo, con pocos personajes bien definidos y acotando toda la trama dentro de un hospital asediado por una extraña secta y unos perturbadores engendros. Aunque nunca tendremos la impresión de estar viendo una obra maestra, nunca decaerá nuestra atención e incluso asomará en nuestros rostros una sonrisa de complicidad por disfrutar de una manera de hacer cine que ya pasó sus mejores épocas.
“The Void” consigue lo que se propone al no pecar de ser excesivamente ambiciosa, todo lo contrario que le sucede al segundo capitulo de “It”, de nuevo dirigida por Andy Muschietti, que por desgracia no nos deja el buen sabor de boca de su primera parte, que si bien tenía sus defectos al menos se mostraba como una obra mucho más pulida y consistente que esta.

Esta continuación cae en muchos de los errores típicos de las películas de terror hollywoodienses de estos últimos años: desmesura, profusión de secuencias CGI y aglomeración de acontecimientos. A lo que se añade, por culpa de un guion irregular, una estructura en exceso repetitiva en todo su segundo acto que nos priva de toda sensación de angustia y acaba llevándonos a lo último que pretende este tipo de propuestas, el tedio.

Solo el primer tercio del film, con una muy acertada presentación de los personajes adultos, la buena química de los actores y alguna que otra secuencia muy bien lograda donde sale a relucir el innegable talento del director argentino (casi todas las que salen en los trailers), consiguen mantener el edificio en pie. Una pena que no se culmine lo que estaba siendo una de las más interesantes adaptaciones de una obra de Stephen King.

Resumiendo, que aunque por su escaso atrevimiento con ninguno de los dos films he pasado demasiado miedo, al menos “The Void” genera una constante sensación de angustia muy placentera, y he disfrutado mucho de su propuesta clásica; mientras que con “It Capítulo 2” he mirado el reloj más veces de las que recuerdo y aunque por supuesto no es ningún desastre de película, sí deja una cierta sensación de amargura por la oportunidad perdida de  lo que pudo haber sido y no fue.

Por Antonio Amaro, El Misántropo Feliz.




Ficha de la película:

Título original: It. Chapter Two
Año: 2019
Duración: 169 min.
País: Estados Unidos
Dirección: Andy Muschietti
Guion: Gary Dauberman, Jeffrey Jurgensen (Novela: Stephen King)
Música: Benjamin Wallfisch
Fotografía: Checco Varese
Reparto: Jessica Chastain, James McAvoy, Isaiah Mustafa, James Ransone, Bill Skarsgård, Jay Ryan, Bill Hader, Andy Bean, Xavier Dolan, Will Beinbrink, Jack Dylan Grazer, Teach Grant, Sophia Lillis, Taylor Frey, Finn Wolfhard, Jake Weary, Jaeden Martell, Nicholas Hamilton, Jess Weixler, Jeremy Ray Taylor, Peter Bogdanovich, Jake Sim, Jackson Robert Scott, Stephen King, Owen Teague, Javier Botet, Joan Gregson, Wyatt Oleff, Troy James, Kate Corbett, Chosen Jacobs, Lyla Elliott, Jason Fuchs, Stephen Bogaert, Logan Thompson, Kelly Van der Burg, Janet Porter, Ari Cohen, Elena Khan, Ryan Kiera Armstrong, John Connon, Anthony Ulc, Rob Ramsay
Productora: New Line Cinema / KatzSmith Productions / Lin Pictures / Vertigo Entertainment
Género: Terror. Fantástico | Secuela. Remake. Monstruos. Payasos. Sobrenatural. Amistad
Sinopsis:
Han pasado casi 30 años desde que el "Club de los Perdedores", formado por Bill, Berverly, Richie, Ben, Eddie, Mike y Stanley, se enfrentaran al macabro y despiadado Pennywise (Bill Skarsgård). En cuanto tuvieron oportunidad, abandonaron el pueblo de Derry, en el estado de Maine, que tantos problemas les había ocasionado. Sin embargo, ahora, siendo adultos, parece que no pueden escapar de su pasado. Todos deberán enfrentarse de nuevo al temible payaso para descubrir si de verdad están preparados para superar sus traumas de la infancia. (FILMAFFINITY)