DESCUBRIENDO A ANNA FRANK. Historias Paralelas




El pasado 2 de mayo se cumplían 70 años de la caída de Berlín, la rendición de los defensores de la ciudad alemana al Ejército Rojo en 1945. Una efeméride señalada, que sin duda habría gozado de más atención si el mundo no se hallara por completo preocupado en la lucha contra nuestros minúsculos agresores.

 Los aliados por el Oeste y los rusos desde Este, se afanaban en penetrar al centro de la ciudad en ruinas. Libraban una carrera a muerte, calle por calle, que decidiría quiénes iban a ser los elegidos para liberar al mundo de la pesadilla nazi. La cámara recogió para la posteridad las imágenes de la cruz gamada saltando por los aires, y la bandera soviética ondeando en lo alto del Parlamento. Pero son hitos en los libros de historia y en las crónicas de campañas militares. Otra realidad, ajena a las medallas y a la gloria, en un conflicto que por primera vez multiplicaba las víctimas civiles ante las militares, salía a la luz a cuenta gotas. Las tropas soviéticas y americanas, al tiempo que liberaban enclaves, fueron descubriendo el horror de los campos de concentración.

Una niña llamada Anna Frank, ahora habría cumplido 90 años. Las guerras para apoderarse de recursos naturales, o por agrandar fronteras siempre habían acompañado el destino de los pueblos. Pero nunca antes una contienda había tenido una intención tan deliberada y sistemática, ni se habían invertido tantos recursos humanos y tecnológicos, en erradicar a un grupo humano concreto, manifestando además el propósito de llevarlo a cabo en cualquier parte del mundo.

Westerbork memorial.

“Descubriendo a Anna Frank. Historias Paralelas” está codirigida por Sabina Fedeli y Anna Migotto. En esta ocasión, la historia de Anna Frank se entrelaza con la de cinco supervivientes del Holocausto, adolescentes como ella: Arianna Szörenyi, Sarah Lichtsztejn-Montard, Helga Weiss y las hermanas Andra y Tatiana Bucci. Las directoras nos muestran además a una joven en la época actual, quien descubre un ejemplar de La Casa de Atrás, el diario donde Anna Frank, con apenas doce años describió sus años de confinamiento, oculta en una vivienda de la Amsterdam ocupada. Tras leerlo, decide buscar a través de las líneas de tren de nuestra moderna Europa, los lugares donde tuvieron lugar los episodios más relevantes de la historia de Anna Frank (que fue la historia de otros tantos miles, y debería ser un punto de recuerdo obligado para el resto). Su casa en Amsterdam, el arresto junto a toda su familia y traslado a Auschwitz, y más tarde el último viaje junto a su hermana Margot en septiembre de 1944 al campo de concentración de Bergen-Belsen. Allí, las condiciones insalubres y la letalidad del tifus se unirían a la siniestra tarea de los oficiales de la wehrmacht.

Campo de concentración de Berger-Belsen

Apenas hay en el documental alusiones a las campañas militares, o al juicio político. El material es puramente humano. Testimonios de mujeres, ancianas ya, quienes en compañía de sus hijos y nietos, comparten sus recuerdos con nosotros. Vívidos en algunos detalles, deformados por el paso de los años y la constante evocación en otros, pero todos ellos nos muestran la realidad de unas personas a las que les definirían para el resto de sus vidas. Resulta chocante, cómo se enfrentan las diferentes generaciones a la shoah (término que emplean los hebreos para referirse al holocausto). Los nietos de las víctimas mantienen una actitud mucho más beligerante, se sienten obligados como generación a restituir el daño y a no permitir el olvido. Contrasta su discurso con el de las cinco supervivientes, quienes se resisten en emplear la palabra “odio”, y usan siempre un tono más conciliador, quién sabe si fruto del reposo que otorgan los años, o quizá porque simplemente rehuyen el enfrentamiento porque su vida ya asumió toda la violencia que un ser humano puede soportar.

Se agradece que el juicio de las directoras huya de un excesivo infantilismo, que siempre acompaña a la revisión de estos episodios, y que no hace sino desdibujar la historia y en consecuencia, privarnos de las conclusiones que podemos sacar de ella. Tremenda fue la decepción en la reciente Hunters, serie sobre cazadores de nazis, que insulta la inteligencia por su proposición infantil y simplista, en la que cada oficial nazi era la personificación de todas las psicopatías posibles. Pero no, el horror no convivía con la enfermedad mental, sino con la normalidad de tu vecino de toda la vida, con el grupo que primero con discreción y luego de forma deliberada, señala al diferente. Porque rara vez las amenazas extremistas que han derivado en tragedias para la humanidad, nos han advertido de la peligrosidad de su discurso personificadas por una figura con patas de cabra, cuernos y un tridente. Antes bien, han comenzado como proyectos ilusionantes, adalides de la libertad y como restauradores de afrentas intolerables.


“Descubriendo a Anna Frank. Historias Paralelas” no supone un giro copernicano en la revisión de la vida de Anna Frank, tampoco pretende serlo. Los que ya conocíamos la historia no somos el principio ni el fin del universo, y hay generaciones enteras que la desconocen, o se merecen una visión actualizada, en la que no se elude ningún tema, incluyendo el revisionismo histórico o directamente las voces que niegan el Holocausto. Tampoco faltan imágenes duras. No se abusa de ellas ni son un recurso para sobrecoger nuestro ánimo, más bien, abordar el tema sin mostrarlas sería relatar una historia adulterada. Son por supuesto documentos de la época con sus limitaciones técnicas, pero ni el filtro del blanco y negro ni su baja definición, atemperan un poco su crudeza en plena era del 4K. El horror es un valor universal y atemporal.

Con todo, el activo más valioso de este trabajo es a mi juicio el testimonio humano, entre el que cabe destacar, aparte de las cinco voces supervivientes que hablan en primera persona, el de Helen Mirren. La actriz británica no es un simple reclamo, ni una mera colaboración intranscendente, recurso frecuente en los documentales. Es el verdadero hilo conductor, el portal temporal que nos lleva directamente a la casa de atrás, dando vida a las palabras del diario, contagiándonos de su inquebrantable búsqueda de esperanza. Recomendable absolutamente la versión original para apreciar cada matiz de sus textos recitados.

Hellen Mirren, narradora de lujo en este documental.

Imprescindible para el espectador que no huya de revisar episodios capitales de nuestra historia reciente, aunque esto suponga perder alguna noche de sueño tranquilo, o hacerse más de una pregunta incómoda. Incluidas las que ponen en duda la autenticidad del relato publicado por Otto Frank, a la postre el único superviviente del clan. Pero para este punto, yo no necesito pruebas. Puestos a imaginar, ningún padre escribiría ese destino para una hija.



"Descubriendo a Anna Frank. Historias Paralelas" puede verse desde el 22 de mayo en la sala virtual de cine

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