DARK Vs. TENET. ¿Arte o acertijo?



A los seres humanos nos encantan los acertijos. Proponen un desafío intelectual que despierta nuestra curiosidad y estimula tanto la inteligencia como el ansia de conocimiento. Una vez lanzado el desafío del acertijo no cesaremos hasta desentrañar su significado, encontrándonos la mayoría de las veces con la curiosa situación de que resulta mucho más placentero la laboriosa búsqueda que la sorpresa de la resolución en sí.

La expresiones artísticas en sus múltiples variantes no tardaron en introducir este componente que oscila entre lo lúdico y lo intelectual a través de símbolos, imágenes, diálogos etc. en un equilibrio que no siempre ha resultado satisfactorio, a veces conseguían realzar el componente artístico, pero otras lo acababan devorando.

Los maravillosos juegos de ordenador de Lucasfilm como el mítico “The Secret of Monkey Island” basaban toda su diversión en este modus operandi: éste era una sucesión de puzzles y acertijos intercalados con una historia y diálogos repletos de humor e ingenio que dieron como resultado final una obra que trascendió el propio género. Es quizá uno de los mejores ejemplos de como arte y acertijo pueden amalgamar en un todo perfecto.

Respecto al ya inabarcable y casi infinito mundo de las series hay que recordar que su actual auge se debe en gran parte al enorme éxito de la controvertida “Perdidos”, quizá el acertijo más entretenido y fraudulento de la historia, plenamente acertada a la hora de narrar la historia de los personajes e ir intercalando misterios que atrapaban al espectador, pero que fracasó estrepitosamente en su conclusión final al ser incapaz de dar una respuesta satisfactoria a los múltiples interrogantes que había propuesto. La excusa de mal perdedor que esgrimieron los guionistas fue que desde el principio lo importante eran los personajes, no la isla y sus enigmas; es decir, que prevalecía lo sentimental frente al misterio, olvidándose que ambos estaban tan interconectados que si uno fallaba, tal como sucedió, todo el entramado se vendría abajo.

La serie alemana “Dark” recoge el testigo con una compleja trama que bebe tanto de la mencionada serie estadounidense como de “Primer”, sin duda la película más retorcida y elaborada de viajes en el tiempo que se ha hecho nunca.

Y ante la pregunta obvia de si estamos ante otro intento fallido o han conseguido el milagro de imbricar a la perfección estos dos conceptos, en mi opinión creo que lo han conseguido a medias.

La primera de las tres temporadas me parece magnífica, casi perfecta: los múltiples personajes (con unas interpretaciones soberbias) están llenos de matices, secretos y defectos; hay una investigación policial apasionante y un nudo temporal que une diferentes épocas y que provocará que todo esté interrelacionado de una manera del todo insospechada.

Si la serie hubiera terminado aquí, añadiéndole un final más o menos coherente, creo que estaríamos hablando de una impresionante obra maestra; pero en este afán que tienen los guionistas de alargar las series haga o no haga falta, se hizo una segunda temporada donde empiezan a aparecer muestras de excesiva improvisación: aparecen nuevos personajes clave que ni se mencionan en la primera parte, se abren nuevos interrogantes, se complican  en exceso las interralaciones personales y las explicaciones temporales empiezan a carecer de sentido lógico con un exceso de acontecimientos que acaban siendo causas de sí mismo.

Aunque los episodios se siguen devorando con pasión cuesta creerse lo que se está viendo, y lo que es peor, cuesta cada vez más implicarse con unos personajes que se nos hacen cada vez más distantes e inverosímiles.

En el ultimo episodio de la segunda temporada se introduce un nuevo elemento argumental que complica todo hasta límites estratosféricos, dando una tercera demasiado enrevesada y confusa que casi nos obliga a consultar en Internet que demonios nos han contado en cada episodio. Por primera vez empieza a surgir el aburrimiento durante el visionado, y lo que es peor, ya me da igual si un personaje muere, no muere o vuelve a aparecer por sorpresa.

Al contrario que en “Perdidos” sí tenemos un final que ata todos los cabos sueltos, aunque de una manera un tanto forzada, y que sin ser perfecto resuelve dignamente la historia. El sabor que me queda una vez finalizada la serie es agridulce por haber dado demasiadas vueltas a una trama que empieza siendo apasionante y acaba en un lio monumental que todavía estoy intentado descifrar.


Y si nos vamos al mundo del cine y hablamos de tramas complejas los hermanos Nolan ocupan sin duda un puesto de honor al haber creado algunas de las propuestas más estimulantes desde un punto de vista intelectual de lo que llevamos de siglo. El reciente estreno de la última película de Cristopher Nolan, "Tenet", quizá la mas arriesgada y enrevesada de toda su filmografía, obligaba a incluirla en este artículo, pues acumula alguno de los defectos y virtudes en que incurre la mencionada serie alemana.


Reconozco que me resulta muy difícil explicar el argumento de este film, pero resumiendo mucho se puede decir que es un mezcla de clásica película de James Bond (con espías guapos e inteligentes que saben hacer de todo, un malo malísimo que está como una puta cabra y una chica guapísima que empieza siendo mala y acaba siendo buena) y película de ciencia ficción, con un ingenioso recurso argumental de inversión temporal basado en la entropía que complicará el argumento hasta límites delirantes, aunque milagrosamente al final el director consigue que entendamos casi todo, siendo el palíndromo del título, Tenet, una pista para que el espectador pueda comprender la historia en su totalidad.

El problema es que esa sensación de estar perdido respecto a lo que te están contando durante gran parte del metraje dificulta la inmersión en el film, que por momentos se me hizo pesado, intensificado por unos personajes planos y demasiado tópicos a los que cuesta por momentos creer sus motivaciones (especialmente la del villano loco interpretado por Kenneth Bragah). En este aspecto sin duda destaca sobre todos los demás el personaje de Robert Pattinson que, paradójicamente, consigue una de las mejores interpretaciones de su carrera en una película donde las espectaculares secuencias de acción priman sobre las relaciones personales.

No sé hasta que punto ha influido la ausencia en el guion de Jonathan Nolan, pero al contrario que en la excelente “Interestellar” la parte emocional se ve muy mermada respecto a otros apartados de la narración, lo que lastra su pleno disfrute.

En definitiva, nos encontramos ante dos propuestas valientes, arriesgadas y técnicamente muy bien ejecutadas que saben innovar en el ya trillado subgénero de los viajes temporales, que sin duda agradará a los espectadores cansados de tramas simples y predecibles, pero que acaban un tanto perdidas en su excesiva complejidad, en un ensimismamiento que acaba más al servicio del propio creador que del espectador, siendo el arte devorado por un acertijo que se olvida que a veces lo importante es el camino, la búsqueda; y no la siempre satisfactoria solución.

Por Antonio Amaro  www.elmisantropofeliz.es




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